sábado, 27 de agosto de 2011

Lo sé. No he podido curarme de ti


¡Porque si tus palabras son a veces poemas.
Tu silencio, sin más, es poesía!
Jaime Torres Bodet

Qué más da si tus palabras de amor vibran en el aire, para el mundo entero, y sólo para una persona. No importa. Me refresca la brisa de tus bellas palabras en la estéril tierra de amor, de fértil violencia. No tengo más arma que el amor que des-arma.

Amor

Para escapar de ti
no bastan ya peldaños,
túneles, aviones,
teléfonos o barcos.
Todo lo que se va
con el hombre que escapa:
el silencio, la voz,
los trenes y los años,
no sirve para huir
de este recinto exacto
-sin horas ni reloj,
sin ventanas ni cuadros-
que a todas partes va
conmigo, cuando viajo.

Para escapar de ti
necesito un cansancio
nacido de ti misma:
una duda, un rencor,
la vergüenza de un llanto;
el miedo que me dio
-por ejemplo- poner
sobre tu frágil nombre
la forma impropia y dura
y brusca de mis labios...

Jaime Torres Bodet (México DF, 1902-1974; Secretario de Educación Pública y Director General de la Unesco; ¿por qué ya no tenemos políticos que sean poetas? ¿Por qué ya no tenemos políticos que sean Políticos?)

(Sinceramente; no quiero escapar de ti)

Quino



Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

domingo, 14 de agosto de 2011

Sobre la subjetividad de la libertad

Estos últimos días tuve al menos tres interesantes conversaciones sobre la vida de Juana de Asbaje, sobre las relaciones de pareja y sobre el aborto. Todas ellas tenían algo en común, al menos así lo veo. Es sin duda el dilema del ejercicio de la libertad ¿Será verdad que se puede hablar de una decisión hecha de forma autónoma? o ¿qué tanto intervienen factores externos a la persona que decide?
Pero con independencia de dicho dilema un factor importante es la sensación de que una decisión se toma por voluntad propia. Esto indica que no se puede establecer, al menos objetivamente o sustancialmente (como se quiera ver), un parámetro para evaluar que una decisión de hacer, no hacer, o abstenerse de elegir algo sea tomada con libertad. Esa evaluación, repito; evaluación, queda prendida del sujeto y la definición ideal de las sustancias. Kant me parece un buen referente para sostener lo dicho. En la Crítica de la razón pura, el filósofo de Koenigsberg, afirma:
Nuestro idealismo trascendental, al contrario, determina que los objetos de intuición existen realmente, exactamente como ellos son intuicionados en el espacio, y todos los cambios en el tiempo, como el sentido interno que los representan.
Continúa el filósofo:
Por consecuencia, como el espacio es ya una forma de intuición que nosotros llamamos exterior, y sin objeto en el espacio no habría punto de representación empírica, podemos y debemos admitirlos como verdaderos seres en la extensión y al mismo tiempo.
Así lo creo yo, los objetos no existe por sí mismo en tanto no son definidos por un sujeto que los intuye como verdaderos objetos que existen. Es más que lógico que esta es una actividad exclusiva de los seres raciocinantes. Retomando el hecho de la libertad, o la formulación de una decisión libre, ella está en función de la sensación de que se toma voluntariamente.
Yo afirmo que: Juana de Asbaje no eligió convertirse en Sor Juana porque sus posibilidades de elegir otra cosa estaban limitadas. Dos personas que se aman mantienen su estabilidad por la disposición de enamorarse mutuamente. La mujer es la que tiene la decisión última de mantener o interrumpir su embarazo debido a que las consecuencias primarias las tiene ella.
En verdad creo que Sor Juana se emancipaba de su título religioso mediante sus poemas porque decidía no seguir los cánones delimitados en su categoría de Sor. Las personas que deciden enamorarse no evalúan sus posibilidades de mantener la relación si no la confianza de que habrá amor recíproco. La mujer decide exclusivamente sobre maternidad  porque, de estar ajena a dicha decisión, se convertiría en un medio para fines que le son extraños. Allí está el eje transversal de todos estos casos presentados. Que los sujetos que deciden no se consideren medios para fines que le son extraños a su voluntad. De nuevo emerge Kant.
Ahora en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant define que “la voluntad es pensada como una facultad de determinarse uno así mismo a obrar conforma a la representación de ciertas leyes”. Para evaluar dicha voluntad y ver qué tan libre es, resulta necesario que el sujeto establezca los fines que bien le convengan o que bien “crea” que le conviene. Prosigue Kant que “el fundamente subjetivo del deseo es el resorte; el fundamento objetivo de querer es el motivo”. En este sentido nuestras subjetividades definen a la objetividad. Al diferenciar entre fines y medios Kant concibe el segundo imperativo el cuál es;
el hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no sólo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad… debe ser considerado siempre al mismo tiempo como un fin
No queda más que la sensación de ser libre y de la creencia de tomar las decisiones libremente. Esto no es cierto del todo, porque aun no he definido las circunstancias de la decisión.
Una vez establecida el principio que legitima una decisión libre, es decir la sensación de libertad y de cómo ella define los medios objetivamente, se debe indicar que no toda decisión es creíblemente hecha con libertad. Los factores materiales inciden de una forma importante. Aunque parezca un dilema complicado, creo que en verdad no lo es. De hecho se ha definido sin darnos cuenta. El desarrollo de la razón humana no es certeza inequívoca. Ella tiene que ver con la circunstancia en que se desarrolla el ser pensante. Por eso no es tonto, o como algunos dicen populista, que una actividad primordial del Estado sea asistencial.
John Rawls, influido por Kant, establece la importancia de las condiciones materiales porque son las que determinan el desarrollo de una persona, las condiciones objetivas nos pueden impedir tomar nuestra voluntad. Aquí existe otro problema de evaluación subjetiva, porque tampoco se puede establecer un parámetro del resultado o la expresión de la libertad. Ya lo afirmaba Isaiah Berlin que la libertad de un granjero inglés no es la misma que un hombre en la selva africana.
Entonces, la definición de los fines le pertenece a los sujetos y utilizar a una persona como un medio es una contradicción que implica considerar a la persona no como una persona.  Por eso a exhorto expreso de no obligar a mi pareja a tener relaciones sexuales, pues espero que la primera vez suceda por libre voluntad, a puesto que así será más satisfactorio porque no estará en contra de lo que pienso. Aunque siempre mis fines sean establecidos por mi subjetividad que tanto quiero y respeto.
Quino

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miércoles, 3 de agosto de 2011

Una vez más que no es igual

Andábamos sin buscarnos pero
sabiendo que andábamos para encontrarnos
Julio Cortázar

 Y ¿qué ha sucedido?, ¿por qué me sentiré tan distante de mí? Caminado por las calles de la ciudad, observo las expresiones de quienes se tienen cariño, ensimismados en el arte de transformar lo simple y rutinario en ofrendas al amor: no imaginan la turbulencia dentro de mí. Y vuelvo la mirada. Dentro de la multitud, mis solitarios pasos, retumba en un corazón anhelando atención. Los demás, van caminando en sendas distintas pero a pasos sincrónicos como sus latidos.
¿Dónde está el arrogante que decía no necesitar atención? Aquél que un día le dijo a su mejor amigo; “tú siempre quisiste esa vida de diversión nocturna”, como afirmando; “yo he superado la necesidad de las pasiones y tu eres un ser inferior por ser esclavo de las pasiones”. La verdad es que tengo que tragarme mis palabras. Yo también había querido compartir mi vida y mi alegría con una persona.
Así sucede cuando te fijas en una excelente persona y ella cambia, totalmente, la perspectiva de vida. Una revolución sentimental, una lucha entre la razón y el sentimiento. Siempre fue una guerra fría, la potencialidad de la acción y la responsabilidad de la sensatez. Una vez más “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Director: Carlos Agullo Coloma / 2010 / España


Quino

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martes, 26 de julio de 2011

Es como el agua

Lo recuerdo. Me llené el corazón de diamantes
–que son estrellas caídas y envejecidas en el polvo de la tierra–
y lo anduve sonando como una sonaja mientras reía
Jaime Sabines

Gracias al amor la tierra es el planeta azul. Así es el amor. Podrán acusarme de todo en esta vida pero, jamás, me acusaran de que no he amado. Eh derramado mi amor a lo largo de mi vida, ella es como un rocío de agua que refresca la vida de los demás, no importa si mi amor riega una tierra aunque labrada sea estéril. No importa, de verdad. Y no importa porque mi amor, que es como el agua, siempre podrá alimentar esa tierra pero sobre todo sé, que a pesar de la inclemencia del clima, el sol elevará al cielo mi amor, que es como el agua. El cielo es azul por toda esa agua, todo ese amor, que está en ella. El cielo azul comparte su humedad de amor con un beso hacía la tierra.

A mi amor, que es como el agua, se evapora pero, se condensa, y aunque podrá caer en esa misma tierra estéril ella siempre deja su huella en aquella tierra y seguirá enriqueciéndola inevitablemente. No existe amor más puro que no pueda condensarse. Sí. Mi amor, que es como el agua, caerá siempre en otras tierras más puras y más bondadosas, pero vale mucho caer en tierras estériles. De la misma forma que siempre es mejor defender a un culpable que un inocente (el inocente se defiende per se). La bondad de una lluvia de amor es que ella puede caer en dichas tierras. En gotas poderosas que alimentaran la tierra por igual.

Bastante ha tenido la tierra con el agua, con el amor, que ella ha podido dar la vida en su faz. En efecto, la vida le debe la vida al agua porque mi amor, que es como el agua, tiene la capacidad de originar la vida misma. Decir amor es decir vida. Esa vida que se cultiva hasta en la tierra más estéril.

Y el amor alimenta la vida de la misma forma que el agua lo hace. De amor está hecha la vida y ella siempre encuentra el amor sin que ambos se preocupen por buscarse, es, tal vez, su destino. Tan poderoso es el amor, hasta en la tierra más estéril, que el hijo de Dios nació de ella.
Hormiga llevando una gota de agua: Anónimo

Quino

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viernes, 15 de julio de 2011

Esperando

Ayer leí de alguien que esperaba algo desde hace años y, por fin, solo faltaban días para terminar la espera. No sé por qué Recordé algo que escribí en el 2009, un 1 de enero. Dicho año lo recibí con una acumulación de preocupaciones sobre mi vida profesional. He aquí el texto integro tal cual:
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Guadalajara Jalisco, Estados Unidos Mexicanos
Me encaminé a mejorar el desempeño de mis encargos, esperando aprender para perfeccionar y refinar mis funciones tanto en el plano teórico como práctico, pero nada de eso sirve al momento de seleccionar el personal de la Institución que defendí ante los señalamientos de fraude. Maldita sea, soy el incorruptible en un mundo de corruptos y corruptores. El tráfico de influencias es más pesado de lo que mi ingenuo intelecto puede alcanzar a mirar. La mera verdad es que deseaba esos puestos y empeora porque también lo necesitaba. Siento una profunda decepción, no hay espacio ni futuro para mí, sólo puedo esperar que mi fuerza sea mayor al nadar contra corriente, aunque la fuerza no se compara con la ley del más gandaya.
Tendré que ofrecer mi alma a las fuerzas oscuras. Ofrecer mis conocimientos y mi lealtad a un sistema que me provoca repugnancia.
Aun así, mantendré la pobre esperanza de borrar este archivo letra por letra. No dejaré de luchar hasta consumar mis sueños y mi libertad.
Quino / Jueves, 1 de enero 2009
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En efecto. Recuerdo que competí para acceder a un cargo en una institución del Estado, pero no logré que me tomaran en cuenta. Lo peor es que reconstruí la forma en que fue contratado el personal tras conversaciones. Me lo dijeron de forma indirecta quienes conocía; las mimas personas que entregaron su currículum junto a mí y me revelaron sus contactos dentro de la institución.
Quise poner a prueba mi ética y la de los funcionarios de aquella institución. Mi currículum está completo (no perfecto pero completo). Más tarde me enteré que la lista de contratados estaba ya hecha desde antes que entregara mi currículum. Gran decepción y sentía mucha repulsión por ellos –incluso por un amigo mío quien se prestó a esas relaciones de poder del más gandaya–.
Aún cuando los veo, no puedo dejar de pensar en la forma patrimonialista que utilizan los recursos del Estado y sentir la misma repulsión de aquél primer día del año. Ahora, no entiendo el por qué me empeño en ver sólo mis problemas sentimentales. Recuerdo mi ataque sistemático de bombardeos mediáticos hacia la institución y, en aquella ocasión, un amigo me dijo; “mejor preocúpate del corazón”.
Sinceramente no soy de los que se enamora tan fácil, aunque parezca lo contrario. Ahora sí lamento mucho sentir lo que siento, y me esfuerzo para que no me afecte. Todo indica que no borraré ninguna de esas palabras, a pesar de que siga esperando.
Quino


domingo, 10 de julio de 2011

Amanecer

Las flores se mecían en una caricia del viento y se notaban como las olas de oscuridad las azotaban, dejando el rocío del amanecer que se asomaba. Se inunda de luz la oscuridad con tumbos de amanecer. La maleza, las plantas, las hojas de los árboles -como recordando su color- se avivan en su pigmento mientras, somnolientas, se enderezan tras las caricias de las olas negras de oscuridad que abandona los campos.
La oscuridad comienza su retirada, ella se aferra de la sombras. No logra desprenderse de ellas pero se encoge y se cultiva en el suelo. Se revela un paisaje de pulcra serenidad. Un río asoma su movimiento, fluye hacia donde no sabe, pero fluye acompañando los pececillos y vacilante refleja el paisaje en su espejo de plata. El primer Sol se impone regando sus rayos que penetran la profundidad de un bosque denso, donde avivan los sonidos de los petirrojos, donde cruje la hojarasca tras los pasos de las creaturas. Una pequeña gota se desliza hasta la punta de la hoja de un roble y la gota cae con el suave viento que la envuelve. Alimenta la tierra negra de un entramado de raíces que soportan monumentos de seres vivos.
Pero la oscuridad emerger cuando el ocaso inclina sus rayos de luz como bracitos levantando una negra cortina. Pero hoy, la oscuridad se torna azulada por una Luna señorial que viste de brillo encomendada por el Sol. La engreída oscuridad se esconde entre las sombras nocturnas a sabiendas que debe su existencia por la ausencia del amanecer.  

Patrick Kennedy (USA, 2009): Amanecer de otoño en un bosque de roble en el noroeste de Indiana 
Quino

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miércoles, 22 de junio de 2011

Los Buendía

 
…Una lucha a muerte entre un amor sin medidas
y una cobardía invencible…

Nunca había leído alguna obra completa de Gabriel García Márquez. Aún no término el que será mi primer libro de su autoría: Cien años de soledad. Aunque me parece apresurado escribir sobre dicho texto, lo cierto es que tengo la necesidad de hacerlo antes de concluir su lectura.

Es muy poca literatura la que he leído. A penas y conozco los autores. Si no fuera por mi profesor de Literatura de la preparatoria 2, no tendría ni un solo autor que me gustara como Francisco Rojas González, José Emilio Pacheco, Mariano Azuela o Juan Rulfo y algunos otros como Antoine de Saint-Exupéry, Máximo Gorki, Oscar Wilde, Víctor Hugo, George Orwell.

El primer libro que leí fue El principito. En el año de 1993 cuando tenía ocho años, mi padre lo compró para mí en la librería Gonvill que está en la Plaza Revolución. Me maravilló la idea de viajar por el universo visitando planetas, conociendo personajes variados. Mi padre tenía muchos libros y revistas que ya había hojeado y, en su juventud, coleccionaba un cuaderno con calcomanías de naves y misiones estelares.

No había dinero para obtener más ejemplares, pero recuerdo el día en que mi padre compró, en abonos, una enciclopedia de cuatro tomos de National Geographic que vendían en la Unidad Administrativa Prisciliano Sánchez. Los libros  incluían experimentos caseros de física y una historia de viaje por el sistema solar mismos que leí y releería por mucho tiempo durante  mi infancia y adolescencia. También recuerdo el día en que mi padre (nunca supe y no le he preguntado cómo los obtuvo), trajo una enciclopedia del espacio exterior, que hace un recuento desde los primeros satélites soviéticos (mi primera bicicleta, que tuve en el 2004, le nombre como el primer satélite soviético; Sputnik) hasta la más moderna estación espacial.

Mi padre compró en el baratillo un libro titulado Los grandes acontecimientos del siglo XX. Tal vez fue el primer libro sobre el que derrame lágrimas. Es un voluminoso libro que da cuenta de los acontecimientos que marcaron e influyeron el rumbo del siglo pasado hasta 1980. Ese libro me trasmitió el miedo a la guerra. Marx afirma que el conflicto es el motor de la historia. En efecto, el conflicto bélico es el común denominador del siglo XX, también es el conflicto el motor de la modernidad. La economía de guerra ha impulsado la carrera espacial. La misma carrera que me maravillaba con El Principito o con los viajes estelares imaginarios. No sabía que estaba sustentada en la violencia.

De forma similar García Márquez desarrolla la historia de los Buendía en Macondo. No tengo idea sí aquél hombre de literatura se vio influido por Marx, o el antecesor de Marx Juan Jacobo Rousseau. Yo creo que más bien por este último. Rousseau, en el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, expone que el hombre es un buen salvaje, y que vive en franca armonía con lo que recibe de la naturaleza y con las relaciones entre sus pares. Sin embargo, para Rousseau, el desarrollo de la propiedad privada y de los instrumentos modernos pervierten al hombre. Así, como afirmó Tomas Hobbes, el hombre se convierte en lobo de sí mismo (Lupus est homo homini).

El origen del mal está en los buenos propósitos. Melquíades al liberar a Macondo de la ignorancia trajo consigo el inicio de la perversión. Tal vez la peste del insomnio era un remedio natural que devolvería la paz a Macondo, aunque de hecho la ciudad se fundó por José Arcadio a propósito de darle muerte a Prudencio Aguilar. Regresó Melquíades a restaurar los sueños y la memoria de los habitantes de Macondo frustrando el restablecimiento de la paz en Macondo que la epidemia del insomnio hubiera devuelto.

En mi lectura parcial de Cien años de soledad me preguntaba cuál era la historia principal o el personaje principal. No pude establecer un personaje central ni una historia central. El personaje y la historia central es el entramado de todos los personajes con los contextos de esa sucesión de casos. Sin embargo, creo que Melquíades es el impulso de los personajes y la soledad es el eje por el cual gravitan. Es el pacto con la soledad.

A una semana de comprar el libro en la misma librería que mi padre compró, en 1993, el libro de El Principito, estaba en la reflexión de Úrsula sobre sus hijos y descendientes que sentí mis ojos llenarse de lágrimas. Detuve la lectura, en ese momento no tanto porque estaba a punto de abordar el tren ligero en la estación La Aurora, sino por el golpe de realidad que me llegó.

En efecto, yo no fábrico pescaditos de oro o hago tejidos interminables pero de alguna forma tengo un pacto sincero con la soledad. Tal vez estoy bajo un castaño con amarras invisibles. Como diría Sor Juana Inés aunque “estudio para ignorar lo menos” en realidad lo hago para abstraerme del mundo y mantenerme en la paz de la soledad debajo de un castaño. La soledad sería para los Buendía el regreso al estado natural que Rousseau concebía con el buen salvaje. Es por eso que el coronel Aureliano había renunciado a la vida pública no aceptando la pensión militar, para no mantenerse en la apasionada ilusión de la esperanza sino sumergido en la certeza de la soledad de la paz.

¿Habré llorado en el vientre de mi madre, mucho antes que sobre un libro?

Quino


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lunes, 13 de junio de 2011

No había pensado fijarme en ti

Me esforcé tanto en reprimir lo que sentía, ahora lamento los minutos que pude haber disfrutado a su lado. Sus bellas sonrisas, sus mejores encantos, sus desvelos por estudiar, su tristeza emotiva, sus opiniones de la rutina, su felicidad producto de un corazón enamorado. En suma, los momentos felices (o no felices) que todo amigo comparte.
Ahora, me pesa tanto, me siento tan mal, tan desolado, tan apachurrado, mi voluntad por los suelos, mi poca alegría abandonada. Aun así, cuando la veía, cuando me hablaba; la luz de mi universo, mi humanidad se enaltecía.
De esta manera pago mi estupidez. No tendré pretexto más para saber de ella. Me siento de lo peor.

domingo, 5 de junio de 2011

No prometas nada Quino


Los amorosos… se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite
(Jaime Sabines: 1926-1999)

En una conversación, ella me dijo: “Quino, mejor no prometas nada”. La imagen podría verse como una competencia de saltos, donde el jugador es detenido abruptamente por un obstáculo. No recuerdo bien que había prometido, pero la promesa se convierte en un pacto que con seguridad dolerá cuando sea roto o cuando sea incapaz de sostenerse por sí mismo.

Esa es precisamente la debilidad de las promesas que son como pactos. Tomás Hobbes había observado dicha debilidad; la única garantía de un pacto es que las partes estén dispuestas a cumplirlas por todos los medios a su alcance y bajo todas las circunstancias. Luego entonces, un pacto se vuelve un tirano, por tal hecho las partes están en función del pacto y no de su voluntad, lo cual conduce a una pérdida absoluta de libertad. Así pues, las promesas (o los pactos) se vuelven ajenos a la voluntad de las personas, tanto que la inercia no define sí está en reposo o en movimiento, pero ella permanece constante, rutinaria.

Es verdad, no puedo prometer un amor eterno. El amor no puede sostenerse por sí mismo, la única promesa que puede sostenerse son aquellas promesas dinámicas que cambian la inercia en cada obstáculo que se presenta. Promesas que son una sucesión de ellas mismas. No solo es amar o ser amado con el amor inicial, pues ella no tiene la suficiente fuerza para seguir su camino al presentarse un obstáculo.  

Lo único que puedo prometer, para bien cumplir, es que -si se enamora de mí- cada día siguiente la enamoraré y me enamoraré como si no la hubiera amado nunca, o como si mañana no pensara amarla más. Eso es transformar la simple inercia en un momento inercial. En un momento, uno tras otro, de renovación de los sentimientos que sostienen al amor.

Ahora entiendo mejor por qué “el amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro”.

Dios mío, no dejo de pensar en ella

Quino


Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

martes, 24 de mayo de 2011

Para hacer funcionar las estrellas

Hoy en la clase, entre Habermas, Arent, Huntington, Stuart Mill, redacté; “Algunas personas pueden ser como poesía en la vida de otras, pero también hay personas que pueden ser la fuente de la poesía”. Y la llevo en la mente todo el día, sé que no soy como poesía en su vida, pero ella hace de mi vida poesía. Dios santo, como me gustaría compartirle al mundo lo que siento por ella.
¿Dónde está el botón azul?

Para hacer funcionar a las estrellas
Para hacer funcionar a las estrellas es necesario apretar el botón azul.
Las rosas están insoportables en el florero.
¿Por qué me levanto a las tres de la mañana mientras todos duermen? ¿Mi corazón sonámbulo se pone a andar sobre las azoteas detectando los crímenes, investigando el amor?
Tengo todas las páginas para escribir, tengo el silencio, la soledad, el amoroso insomnio; pero sólo hay temblores subterráneos, hojas de angustia que aplasta una serpiente en sombra. No hay nada que decir: es el presagio, sólo el presagio de nuestro nacimiento.
Jaime Sabines Gutiérrez (1926-1999)