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sábado, 25 de octubre de 2014

Seis meses


Sobre el pasillo hojas crujían envueltas en la sombra, no tenía idean de cómo llegaron. El viento que rechifla deslizándose por la pared del edificio era una buena hipótesis. Una puerta, diecisiete escalones nivel por nivel, una puerta, una puerta, el tungsteno de la ciudad se cuela por la pared donde se desliza el viento y penumbra. El cielo de Monet sobre la avenida, sobre la fuente de La Normal. Smog, ruido y pesado aliento de ciudad en las misteriosas viviendas del centro de Guadalajara.

De pequeño siempre creí que al centro sólo se venía cada mañana del 16 de septiembre, a las compras de la Parisina, para huir de los portales al insoportable olor de las donas en aceite de coco, para estar en el regazo de mi madre que me llevaba a comer al desaparecido Mercado Corona o para ir a la lucha libre en las cercanías de Obregón. Por su puesto, pensaba que nadie vivía en el centro y todos los camiones no iban a él sino para regresar a la periferia. El adoquín rojizo y blanquecino sirve también de suelo para quien compra la merienda de quien amanece en el viejo centro.  Ahora lo sé.

Vivir sin la familia y la triste distancia de quienes, sin serlo, te dicen papá. Supe valorarlos todavía más, a mi padre sobre todo quien para dirigirse a mí habla de usted cada vez que los visito, como si salirme de la casa le haya dolido en el orgullo. Dejé la casa, no el hogar. También mi padre tomó rumbo a esta ciudad de la pequeña porción de tierra purépecha donde creció sin más educación que la recibida en dieciocho años y con más sabiduría de los trabajos con mi abuelo en las casonas de adobe y tejas, en la experiencia de la capitanía de puerto y en el pastoreo de vacas en el cerro a penas asomado el Sol, bebiendo agua del rocío en las plantas.

Despertar en el suelo sin tener alimentos, amagarse en mezclilla o en algodón y poliéster cuando hay junta o clases por la noche. Estrechar la mano de un presidente derrocado, un líder de partido, ex candidatos, directivos de Twitter. Bases de datos y códigos entre varianzas y tablas de contingencia, GPS y representatividad geográfica de la muestra, un amor e incontables horas en el computador, las reuniones, los galletas de la máquina y el café en INTEL, la vida tendida en una silla neumática, trabajar en la madrugada para los enlaces en China. Tamales en Circunvalación, dulces en la tienda de París, fruta picada de Lope de Vega, gorditas de chicharrón en Lerdo de Tejada, las ensaladas en Centro Magno y los pastes en Juárez.

Vivir en el centro y no pasear en él: las idas al Walmart en Patria o el Aurrerá de Chapultepec, el Soriana de Colón, 35 minutos caminando a la casa donde duermo y mi hogar en la Estancia o en el Zalate. La vista magnífica, por un lado el centro, por el otro, muy lejos, lo árboles de El Centinela, el escritorio dará al ventanal hacía la avenida, la copa de las ceibas me distraerá. Los motores; cambios de velocidad; el dual y el claxon son los efectos perniciosos de mi ideal.

Una mesa, dos sillas; el comedor. La alacena, una bolsa tejida, el fregador y una parrilla, tres platos, tres vasos, dos cazuelas, una de barro pesado; la cocina. Un clóset, una mesita, dos bancos, cobijas sobre el suelo; el dormitorio. Vivir al día en seis meses. Pagar la renta, vivir sin ti y seguirás con él.

Joaquín

Derechos Reservados © 2014; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos


sábado, 5 de julio de 2014

El amor imposible



“Todas las personas tenemos un amor imposible…” Sí, ella había escrito así alguna vez, así lo recuerdo. Dialogar con ella siempre me dejaba lecciones. Absolutamente no sabía nada de la vida y fue ella quien me acompañó 1,346 días, 192.29 semanas, 44.87 meses o 3.69 años hasta el 28 de abril de 2014, cuando por fin me di cuenta que era un estorbo para ella. Me sentí francamente decepcionado. Me tenía miedo. Después de todo, era cierto, me aferraba a ese imposible. Poco menos de ese lapso de tiempo, ella fue el amor que me gustaba. Hasta que hice exactamente lo que ella me pedía: que me fijara en alguien más, porque lo nuestro, corrijo, porque lo mío era imposible.

Me faltó humildad para aceptar la situación, me faltó valentía para dejarla seguir sin mí. No importa, siempre procuraba que estuviera bien. La quise bien, con la poca inteligencia sentimental que me tuve. Me moría de ganas de que ella sintiera algo por mí. Sin embargo, nada de esto vale ya, porque sucedió lo que ella dijo que sucedería; alguna mujer estaba hecha para mí.

Así fue. La persona que me daba consejos y ánimos para defender lo que sentía por ella. La mujer que con sus palabras revertía parte de mi tristeza, aquéllas que me fortalecía y protegían. La mujer que defendí en cada etapa convulsa de su vida, sin esperar nada a cambio sino por el mero vínculo de nuestra amistad. Aquélla que me rechazó y me pidió que fuera solamente su amigo cuando le revelaron mis nuevos sentimientos hacía con ella. La mujer con la que ahora construyo la felicidad con una familia planeada y cultivada.

Yo soy “yo”, ella es “ella”, con alegría, con amor. La reafirmación de nuestras personas nos permite cobijarnos en amor. Porque en “nosotros” se diluye el individuo (qué va, soy un liberal en todo el sentido político). Sencillamente, la quiero porque sos. Es así la dialéctica del amor. 

Hoy no tengo ninguna duda, me quiero con ella.


PD: Los pactos deben ser cumplidos. Gracias por haber sido el amor de mi vida, pero, como te dije un día, sigo pensando que él hará un pequeño esfuerzo y volverás con él: un ramo de flores bastará. 

jueves, 5 de junio de 2014

...

...


Opción


Ahora puedo decir que me quedaré conmigo.
(No enredes mis pensamientos, por favor)


Derechos Reservados © 2014; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

lunes, 24 de marzo de 2014

Idus Martii

“Enamorarse
sabiendo que todo está perdido
y no hay ninguna esperanza”
Las batallas en el desierto: José Emilio Pacheco


Quise demostrarle que puedo ir con ella siempre que no se aleje de mí, que es lo único que le pido. Puedo estar cuando quiera, cuando lo precise, puedo no estar donde ella me diga a la hora que no me pida.

Fue hermoso, la esperé desde temprano cuando emergí del subterráneo y supe que la reunión se posponía para otro día. Se trataba del marco teórico para el análisis del comportamiento electoral en el distrito 17 local. Nada nuevo, al menos para mí, pero tenía que consensuarlo. No se llevó a cabo, y no dudé en ir a buscarla. No importaba nada, quería verla, quería sentirla, quería oírla, quería tocar su mirada con mi vida.

Pensé que se enojaría, mucho, muchísimo. Construí un sinfín de escenarios y todos llevaban un aire de fracaso. Nada era cierto hasta que la tuve enfrente. Un tiempo mágico de primavera. Ella estaba infinita, dispuesta en el absurdo mundo de aviones que desaparecen, de vidas que se pierden, de hombres como yo que se enamoran apenas despegando la cordura. Qué tiempo aquel que mi sombra acompañó su brillo de esmeralda. Dulce mujer aquella que he llamado Dulcinea, obvio, el amor imposible, pero no por ello improbable.

La esperé casi cuatro horas, pero la estuve esperando desde aquel 6 de diciembre, como aquellos caballeros cursis de poemas y poesía; Benedetti, Sabines, Cortázar, Juan Rulfo, Sabines… aquellos hombres cursis que amaron con lealtad con los pies en la tierra ¿importan si se adorna lo real con versos? Te describo y les recito a los demás cómo eres, no porque te atribuya cualidades que dices no tienes. Así me enseñaron a mirar, “sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Es así, es cierto, no es un mero irreal constructo sintáctico. Sé cómo eres, sé que hay cosas en ti que no podría sobrellevar, también sé que vale la pena. Así he aprendido a amar contigo, para ti, sin ninguna esperanza porque el amor es un fin por sí mismo.

Pude mirarte entre libros, como muchas veces te he imaginado encontrarte en la Gandhi. Con tu cabello hacia el piso, tu mirada pegada a los libros que delicadamente eliges para ti, y sólo para ti. Me regalaste un libro, fue un extenso momento de ternura que aún persiste. Así te había querido ver, en silencio y en secreto. Podía sentir la nostalgia de tenerte a mi lado sabiendo que todo está perdido y que lo único que puedo hacer es quedarme allí, sin hacer ruido, sin levantar sospechas. Porque quiero tener mi vida contigo, porque es difícil compartir este mundo sin que nuestras vidas se crucen. Quiero que no te alejes de mí. Quiero vivir cada latido tuyo aunque no sea para mí. Aunque mi vida se detenga, todo el amor que he dispuesto para ti será para mí la vida después de la vida.

Quien te quiere y te ama.

Joaquín
PD: Cuando quieras, puedes casarte conmigo

Derechos Reservados © 2014; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.


lunes, 17 de marzo de 2014

Idus de marzo


Ayer, poco antes del medio día, aprovechando la sombra y el fresco de los últimos días de invierno, me puse a pintar un mueble que mi madre me había encargado desde tiempo atrás. Había comenzando a lijar la pintura vieja en los días fríos de diciembre después de la navidad, lo hice el día que comencé a re-leer Cien años de soledad, pero al cabo que el clima se hizo más frío, abandoné el proyecto.

Sólo faltaba pintarlo y montarlo en la pared, tal como mi madre lo quería. Mis sobrinas me acompañaron, ellas jugaban consigo mismas, gritaban, se perseguían, se tiraban al suelo a observarme y volvían a distraerse en sus juegos. En un momento, una de ellas se mantuvo a mi lado, pero la distrajo un vecino que salió a la calle a jugar el balón con dos de sus hijos; uno de cinco y el otro de tres años.

Mi sobrina quedó absorta y en silencio mirándolos. Parecía dominar la voluntad de sus instintos. No imaginé que le ocurría. Entonces, rompí el silencio de la misma manera que golpeaba el viento de marzo. Le pregunté acerca de lo que ocurría. Volteó hacía conmigo, me miró, y con unas palabras de desaire sobre sí, más entonadas al reclamo, me dijo: -¿Por qué nunca sales así conmigo?

Sintió el derecho de reclamarme. En ese momento solté una pequeña risa, una risa nerviosa, como se dice. Me había roto el corazón. Lo único digno que puede contestar fue que más tarde la llevaría a pasear. Momentos después, llevé mis sobrinas al mercado de San Joaquín, y compramos flores: rosas para nuestras mamás.  

Quino

PD: Entonces ¿Te casarías conmigo, G?

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viernes, 8 de marzo de 2013

¿Por qué no me preguntó a qué me dedicaba?


23 de enero 2013, miércoles


Hace varias semanas, salí a correr por la noche y cuando regresaba a la casa miré varias baterías regadas por el piso. Detuve mi paso, las tomé una a una. Delante de mí, se acercaba una persona que por fijarme en las baterías en el suelo sólo había notado que venía en mi dirección. Tenía las cuatro baterías en la mano cuando fui levantando la mirada. La chica que venía hacía mí se había detenido y noté su sonrisa. 

Entonces el recuero. Ambos coincidimos en la escuela primaria, pero en clases distintas. Me acuerdo mucho de ella porque me fascinaba mirarla; era (y sigue siendo) una mujer que destellaba ternura. Conforme fuimos madurando me di cuenta que se hizo una mujer bastante atractiva. Ella siempre llegaba temprano, pero a diferencia de mí, se iba directo a su salón de clases, yo me quedaban en las gradas del patio cívico y de frente al asta bandera de la primaria Sor Juana Inés.

En quinto de primaria crucé mis primeras palabras con ella, en efecto, era bastante dulce al hablar. Practicábamos un baile, pero no recuerdo para qué festival. Ella estaba a dos parejas de mí. En un descanso, sentados en el piso, hubo algo chistoso y se dirigió conmigo para comentarlo. Me sorprendió que me hablara si nunca lo habíamos hecho. Fue bastante simpática. No volvimos a cruzar palabra alguna, sino hasta la secundaria.

Entré a la secundaria Ricardo Flores Magón, ella quedó en mi grupo. Era la quinta de la lista y yo el 49. Como siempre he sido, pocas veces le hablé por timidez. Cuando me dirigía a ella lo hacía como si fuera una mujer adulta, lo hacía de forma seria. Ella fue la primera mujer a la que le dije que me parecía muy linda. Recuerdo en un receso que me acerqué a ella y le dije: “Con todo respeto, eres muy linda”. Me vio a los ojos y lanzó una sonrisa con todos sus dientes al tiempo que decía, gracias.

Como esa sonrisa que me miraba al levantarme del piso donde recogía las baterías aquella noche que salí a correr. Era verdad que estaba allí, casi a media noche, mirando cómo recogía las baterías del suelo y frente al mismo edificio de la secundaria donde le dije que era muy linda. Fue inconfundible su sonrisa y sus delicadas piezas de mujer que destellaban ternura, como todas las mañanas en que la seguía con la mirada hasta su salón al pasar por el patio cívico de la primaria, yo; sentado en las gradas de frente al asta bandera. 

Me sentí apenado por un momento. No muchas personas recogen baterías del suelo para evitar la contaminación por metales pesados. Ella, con su sonrisa desplegada, la recibí con un “hola, buenas noches”. Platicamos un momento recordando las amistades de aquella época. Resulta que ella se casó con chico que era mi compañero de la primaria y tienen un varón como hijo. El azar es tan caprichoso. Honestamente, nunca me enamoré de ella. Eso creo. Nunca sentí sentimientos hacía ella, salvo la atracción de esa ternura que siempre la acompaña, como una sombra alegre sobre sí misma. 

Mientras hablábamos, pasaba cada batería por mis dedos, estaba algo nervioso por el encuentro. Puedo decir que no soy tan común, si no me preocupara cada batería que está en el suelo de la Tierra, me hubiera seguido de largo y no hubiese tenido ese encuentro ni ese momento bochornoso. Supongo que a ella no le dio importancia. No debería haberme sentido así, pero seguro se fue pensando que me dedicaba a recoger cosas del suelo.  En fin, me gusta encontrarme viejas amistades, porque me gusta disfrutar de un sentimiento añejo que sólo se recobra cuando precede del: “te acuerdas cuando…”. 

Quino
Derechos Reservados © 2013; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.


viernes, 11 de enero de 2013

Adiós, bella Dulcinea


Mi Dulcinea, mi realidad, mi fantasía, mi locura, mi razón, mi bella Dulcinea.

Adiós.




Quino

Derechos Reservados © 2013; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Una carta para el futuro


Sucede que buscaba un par de cuentos que había escrito en el bachiller: entre un mar de archivos volví a re-encontrarme con aquellas cartas que le dedicaba a una persona que vivía a lado de la preparatoria donde estudié. En uno de tantos arrebatos textuales, escribí agradecido por las veces que ella podía tolerarme. No la feché, pero creo que lo escribí en la navidad del 2003.

Recuerdo que me pedía que dejara de amarla tanto como lo hacía. Las misma idea que hoy tienen para mí. ¿Por qué será que siempre termino sintiéndome culpable de amar de la manera que lo hago?

Ya una vez coloqué en blog algunas cartas entre nosotros, pero no recuerdo como fue que la nombré. En esta ocasión, sustituí su nombre por su inicial, a fin de guardar la privacidad. A continuación el texto íntegro:

***

         Hola, F, ¿Cómo has estado?, espero que te encuentres bien. También espero que el frío invernal no mitigue tu cálida morada. Espero que no sientas la soledad en tu vida, y no se por que escribo esto, siento la necesidad irrevocable de hacerlo, y aún espero, que no te sientas mal por lo que a veces escribo, que mis letras en su ruidosa e inesperada entrada no despierten tu frágil sueño.
          Algunas veces excedo en decir, o escribir lo que pienso (como en este caso) pero mi conciencia aguarda mucho tiempo, y se acumula como el magma se acumula dentro de un volcán, y truena, es por eso que escribo.
          Escribo, no tratando de herir, escribo tratando de enmendar, por que no soy lo que escribo, unas veces valiente, otras más débilmente y algunas otras sonriente.
          Te escribo no para hacer daño, solo para hablar de lo dañado, y reparar el daño (aunque algunas veces lo vuelva a dañar). No te escribo sin pensar lo que escribo, te escribo solo cuando es necesario (o ¿Será Cuándo lo necesito?), ¡tú dime!. Si alguna ves te dañé más (y se que a sido varias veces) te ruego que me perdones, si es que puedes perdonarme.
          No te escribo para mi beneficio, te escribo en nombre de la amistad. Ahora te agradezco todo lo que no te he agradecido: primeramente GRACIAS por ser mi AMIGA, gracias por escucharme (o leerme), gracias por tu tiempo dedicado a mi, gracias por; una, dos, tres, tarjetas, una hecha por tu arte, otra por navidad, otra por una  navidad, que para mi fue oscura y eso, tu carta y los pingüinos que juntos alzaban un esplendoroso árbol navideño, fue lo único que me iluminaba, gracias por el sweater del intercambio pasado, gracias por agradecerme, y gracias por invitarme a tus cumpleaños, y gracias por venir al mío, y finalmente gracias por ser tu. GRACIAS a Dios que me permitió conocerte.
Te extraña y te quiere;
Quino

PD. Mi forma particular de dañar a una persona es amándola.
***

       

Quino

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jueves, 20 de septiembre de 2012

If you are chilly, here take my sweater.


Te extraño como el otoño a la primavera, pero el otoño sólo se acerca a la primavera cuando él se extingue. Qué jugada tan más aberrante, qué situación tan más desdichada, qué destino tan cíclico. 




PD. Ya debería acostumbrarme a ser la persona equivocada y merecer a una persona que no existe, salvo en la mente de quien me rechaza. El destino será otro. 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Por qué tenía duda de una “coma” en el poema de Benedetti


Me invitaron a una graduación la semana pasada. La persona que me invitó me había asistido en mi trabajo, es una mujer simpática y bien decidida. En la segunda quincena de junio, ya no se presentó a asistirme. Por dos días me quedé en silencio, es decir; no la busqué, sólo le seguía enviando instrucciones hasta que me mandó un mensaje al celular diciendo que estaba en una ciudad del sureste mexicano. Atravesó el país para verse con su esposo. No regresaría hasta su graduación y tuvo a bien de invitarme la misa y a la cena de gala.

Preguntó que si tenía a quién llevar, respondí que iría sólo. Ella contestó: “qué aventado”. Llevé mi cámara y mi tripie para regalarle una sesión de fotos con ella, su esposo, su familia, sus amigas y su graduación. Por un momento olvidé la razón por la cual no me gusta ir a esos eventos. Todos llevaban pareja si no sentimental al menos para conversar. Me la pasé en un rincón de una mesa sin pronunciar más palabras que: “me trae un seven con poco hielo”. Hubo un instante en que me comuniqué, vía mensaje de celular, con la mujer que quiero, pero cuando le dije en qué situación estaba, sólo me dijo que era bueno para conocer a más personas y deseó que me divirtiera sin volverme a contestar.

Era en medio de la madrugada y me daba pena moverme, esperaba que nadie notara mi presencia. Incluso posé mi cabeza en la mesa y me cubrí con mi saco para que creyera que se me habían pasado las copas. En cierto momento, mi anfitriona me pidió que me uniera al grupo donde bailaban en conjunto. No pude negarme debido a que me tomó de la mano y me llevó. Sin embargo, luego se quedó bailando con su esposo y me vi sólo en la pista de baile. Regresé a la mesa.

Posteriormente, noté que en la mesa de adelante había una joven mujer que miraba el baile. Hice memoria y determiné que pocas veces se había movido de su lugar. Le presté más atención. Noté que ella seguía con la mirada a un amigo de mi amiga. Entre nuestras mesas estaba la de él, donde tenía a cuatro jovencitas que sacaba una a una a bailar. Ella es Liliana (no es su nombre real). En una ocasión la conocí y el chico que miraba le gustaba, lo sabía por mi asistente. Tras de una hora de observar la manera en que ella miraba a él, me di el valor de cambiarme de mesa. Total, su mesa estaba tan vacía como la mía.

La saludé y, no le pedí permiso para sentarme en su mesa, le dije que le iba a hacer compañía. Ella agradeció con un gesto. Intenté sacar plática, pero quedarme callado a su lado no resultó. Miraba fijamente la pista de baile con sus ojos enormes y redondos. Su vestido era todo negro y su cabello también tal que resaltaba su piel blanquecina. Ella es cristiana. Ocasionalmente sonreía cuando pasaba el tipo que le gustaba, eso no lo había notado porque cuando la observaba la veía de espaldas. Llegó una amiga de ella y fueron al baño, ella dejó su bolso sobre la mesa en la cual sólo estaba yo. Me extrañó que descuidara su bolsa. Regresó y su amiga fue a bailar y ella devuelta a su silla.

Dejó caer sus manos en la mesa, sus dedos largos sin uñas pintadas sujetaban la servilleta de tela que enrollaba frotando sus yemas como despejando las ansias. Posó su codo sobre la mesa y en su palma asentó su barbilla y se quedó mirando a la pista. Entonces actué. Tímidamente toqué su hombro con la punta de mi dedo índice. Ella volteó sonriendo de inmediato. – ¿No bebes? (le pregunté). – No. De inmediato tuve la necesidad de explicarme que no me refería a si bebía alcohol, sólo que si no quería beber algo, pero su respuesta corta y contundente me dio la confianza para decirle que tampoco lo hacía. Le dije que iba a pedirle a un mesero un seven con poco hielo.

Luego pasó algo curioso: Llegó otra de sus amigas y bebió de un termo de plástico. Era curioso porque su amiga portaba ese termo mientras bailaba. Seguramente tiene sed y quiere socializar bebiendo del recipiente de alguien más. Sin embargo, su amiga me pidió que le pasara un refresco que estaba a mi lado, entonces me paré e hice un ademán para decirle que yo le serviría y aceptó. A ese mismo termo me dijo que le pusiera tequila. ¿Tequila? Se me hizo tonto pensar en decirle que por regla personal no proveía de bebidas alcohólicas, pero acepté servirle. Lo segundo que pensé es que minutos antes, Liliana me dijo que no bebía.

Entonces, cuando su amiga se llevó el termo al baile, nos quedamos sentados de nueva cuenta sin más personas que nosotros dos. Volví a entablar una conversación. – Y,… tú ¿no eres abogada?. – No lo soy (sonriendo). ­– Ahh, yo tampoco (y ambos sonreímos). Apartó un poco su mirada de la pista de baile. – ¿No bailas? – No, es que yo soy más de trova (mientras se escuchaba música de banda), como Sabina, Milanés. – Qué bien, yo tampoco bailo, pero me gusta toda clase de música excepto la banda y el reguetón, y (miré hacia la pista de baila tratando de decirle, mira lo que ponen). Entonces le dije que a me gustaba Sabina y Milanés, pregunté si conocía a Silvio y dijo sorprendida que sí. Le pregunté por las canciones de Eduardo Aute. Ella dijo que no lo conocía. – No me digas eso, le respondí, tienes que escucharlo, hay un disco que canta con Silvio. – Vas a ver, sí lo voy a buscar. Regresó un poco la mirada cuando pasó a un lado de nosotros el chico que le gustaba. Nos vio platicar, entonces se detuvo y le ofreció de beber, pero ella no aceptó. Ella, Liliana, dejó de prestarme atención. Se quedaron mirándose por unos segundos sin decir palabra alguna, mientras los observaba.

Él le dijo a ella; – Ahorita bailamos, ¿no? En mi mente pasó decirle: – ¡No baila! Pero ella consintió con la cabeza. Era banda, ella le gusta más la trova, entonces bailaría por la persona que la invitó. Eso no era racional. Tomó la botella de tequila que estaba en nuestra mesa y la llevo a su mesa sirviendo la bebida en los vasos de sus amigas que esperaban con él. Liliana miró nuevamente y le dije que Sabina cantaba un poema de Neruda: “Amo el amor de los marineros” y le recité un poco el poema, luego me dio pena seguir recitándolo. Se quedó como sorprendida, le dije que el disco se llamaba “Neruda en el corazón” y que cantaban muchos poemas de él, incluso había uno con Venegas. – Busca esa canción en youtube, te va a gustar, sólo busca “Sabina” y “Neruda” y te aseguro que sale. – Lo voy a hacer. Sinceramente, le dije eso porque ese poema de Neruda estaba señalando su situación. Tras de decirle eso, llegó el chavo en cuestión y la sacó a bailar. Noté que era cierto al menos que no le gustaba la banda porque no sabía bailar. El intercambio de risas por no llevar un paso en dicha danza lo revelaba.

Eran las cuatro de la mañana y la fiesta seguiría hasta las 8 de la mañana, entonces, al ver que ella no quería bailar ni charlar conmigo, sólo estar con él. Tomé mi tripie y mi cámara y me fui de allí. Para el momento no funcionaba mi celular y no podía hacer una consulta. No podía determinar si el fragmento del poema de Benedetti llevaba una coma, porque ese fragmento nos explicaba a Liliana y a mí:

… el corazón que aguarda pese a todo.


Quino

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miércoles, 15 de agosto de 2012

Mi respuesta oculta


Cuando me pregunta cómo estoy, siempre digo que bien. Siempre oculto la sensación que me hace sentir mal. Ojalá pudiera decirles que no estoy bien, pero ya pronto me recuperaré o quizás no me importe más tarde. Mientras tanto, debo aprender a cambiar de música en estos días de nublados en el alma. 


Todavía me gustaría ser otra persona, una que le importe luchar por lo que siente y no se dé vencido por él mismo y "que cuando muera de celos él jamás te diga nada, que no tenga como yo; tantas heridas en el alma".
Quino

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domingo, 10 de junio de 2012

Junio 10, mes 18


Hoy, 10 de junio de 2012, contaré 18 meses para probar la hipótesis que establece que en dicho lapso el amor se extingue. Yo supe que estaba enamorado de la que siempre nombro como “Mi amiga” un 30 de diciembre de 2010. El 30 de mayo se cumplieron 18 meses y la sigo amando. Sin embargo, contaré 18 meses, a partir de este momento, para probar la hipótesis a fin de que el día 10 de noviembre de 2013 pueda buscarla y comunicarle, de viva voz, lo que siento por ella hasta ese momento.

Entre tanto, publicaré para ella un fragmento de un poema cada mes, lo que me gusta de ella, lo que recuerdo de ella, las personas que he conocido, algo trascendental que he hecho; algo extraño que haya hecho y cómo me siento respecto de ella; además de alguna otra cosa que se me ocurra. Así hasta el 10 de noviembre de 2013. 18 meses; 18 meses; 18 meses.

Poema para Mi amiga número 1.
                …
Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.
…
Federico García Lorca

De “Mi amiga” me gusta mucho sus gestos, sobre todo los que hace con sus ojos; recuerdo mucho de ella, cuando la conocí por primera vez, antes de entrar a nuestra clase y dijo que la noche anterior se la había pasado mirando videos en Youtube; en diciembre conocía a la persona “A”, quien por alguna razón platiqué con ella y luego nos invitamos un café, cambió mi corazón a un ser más cristiano; le gané unas jugadas al Partido de la Revolución Institucional en mi trabajo; ayer me sentí muy mal cuando vi caer un señor que comenzó a convulsionarse en Plaza del Sol, corrí hacia él, cuando lo vi me recordó mucho a mi papá pues tenía la apariencia de un albañil por su vestimenta y la mochila con herramientas que llevaba, sólo puede llamar una ambulancia, inmediatamente después me llegó un mensaje a mi celular el cual aseguraba que había organizado una borrachera, el mensaje me lo mandó “Mi amiga”; me sentí triste por su sarcasmo que casi lloraba en medio de la multitud atenta al señor que convulsionaba a mis pies.

Quino

miércoles, 16 de mayo de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

Deseo que este día termine


No soporto esta situación, no puedo. Ya quiero que el día termine. En el ocaso de mi soledad el amanecer es tan incierto. Ojalá mi corazón fuera de piedra. 

Poema X

Hemos perdido aún este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

Quino


Derechos Reservados © 2012; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Cuándo me veré en esa circustancia


Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.

Jaime Sabines


Tengo días sin hablarle; la extraño y no he querido soltar alguna evidencia de que la extraño, pero dentro de mi mente sólo existen recuerdos de nuestras conversaciones, a veces me hace reír, otras veces me preocupo por ella y otras veces me veo contemplándola en sus estrellas de papel.

El último día de diciembre una amiga me cuestionó algo que no me atreví a contestarle:

[…] el otra vez vi a polo por esteban a la torre. iba con una muchacha muy wapa y el con una sonrisota de lado a lado
cuando te vere a ti en las mismas circunstancias?

Dichas palabras me remueven todos los días cuando veo pasar a una pareja. Ayer me sucedieron dos cosas. La primera fue esperando el transporte público en la calle Presa Laurel y Salario, noté a un joven sollozando a un teléfono público. El notó que lo miraba y fue hacía a mí. Se veía de mi edad, tal vez más joven, estaba ebrio y en sus dientes se notaba que había vomitado sangre. Me quedé parado frente a él, mientras me decía que había sido golpeado por unos tipos y trataba de comunicarse con su esposa. Le contesté que esos teléfonos sólo funcionan con una tarjeta, pero le ofrecí llamar a la policía. Lo interrogué tal como me enseñaron a hacerlo:

- ¿Cómo te llamas? - Fernando
- ¿Dónde vives? - En Lomas del Aeropuerto
- ¿A qué te dedicas? - … (se quedó callado)
- ¿Qué estabas haciendo por acá? - Viene a buscar a un amigo
- ¿Te golpearon o te peleaste? - Me golpearon
- ¿Te robaron? - No.
…
Le dije, que llamaría a la policía, desde mi celular, para que lo llevaran al ministerio público y de paso a la Cruz Verde, aceptó de momento, y cuando estaba marcando al número de emergencia me suplicó que mejor no, porque lo llevarían “detenido”. Entonces colgué, le dije claro que lo harán porque estar ebrio en la vía pública es falta administrativa, pero que estaría más seguro allí que en la vía pública en esas condisiones.

El reviró y me suplicó que mejor no lo hiciera. Le expliqué que si pasaba alguna patrulla de todas formas se lo llevarían. Pero volvió a la súplica y me pidió que lo comunicara con su esposa y así lo hice. Mientras, me preguntaba qué mujer se casaría con un tipo que vaga ebrio y golpeado por las calles. ¿Así será el amor? ¿O qué circunstancia lo adhieren a él?

Llamé a su esposa y me contestó una voz suave, le mencioné que estaba con una persona que decía ser su marido y mencioné su nombre…, pero ella decía que no me escuchaba bien. Me colgó la llamada. Le volví a marcar y no contestó. Le dije al joven ebrio que no podía hacer más y me retiré dejándolo a su suerte no sin antes ofrecerle llamar un ambulancia. Me despidió agradeciendo en nombre de Dios.

Salí y llegué a mi trabajo. Estuve en una reunión media tarde después de ese evento, y entonces me llamaron del número que marqué. No podía contestar así que le expliqué todo por mensaje de texto. Le hice saber que aquel hombre que dijo llamarse Fernando estaba bien, describí sus condiciones y cómo se negó a que lo ayudara más. Su esposa me dio las gracias invocando de nuevo a Dios.

El segundo evento fue en la tarde noche en la universidad donde estudio. En dicho campus existe una rampa a lado de un jardín con grandes árboles. Yo iba bajando por ella y dos jóvenes subían. Yo conservé mi derecha mientras los dos jóvenes seguían caminando abarcando toda la rampa y me seguí como el “juego de la gallina”. No me quitaré y no me quité, y nos impactamos. Yo iba escribiendo en mi celular y él estaba volteando a otro lado mirando a una mujer.

Me quedé detenido sin quitarme, aunque se disculpó y yo no, le dije que se hiciera un lado y que caminara por su lado, me preguntó que cuál lado y le dije que las personas deben caminar conservando su derecha. Eso lo molestó. En esa posición estaba vulnerable porque no  podía ver dónde y qué estaba haciendo su compañero con el que iba caminando. Me quedé sin quitarme y me quiso mover con su mano, pero no me movió y seguía escribiendo mi mensaje. Jamás lo miré, pero al parecer los guardias de seguridad nos vieron y echaron a correr hacia nosotros y mejor me quité. Seguí mi camino.

No tengo idea de por qué lo hice, siempre ando eludiendo los enfrentamientos. Está vez estaba en otro lado. Luego sólo sentí pena por mí mismo. Todos estos días me he sentido mal, pero no puedo externarlo. Me he sentido culpable y luego recuerdo todas las veces que ella me dijo que podía enamorar a cualquier chava y todas las veces que ella me dijo cuánto me apreciaba.

No logro concebir mi cobardía de no hacer todo cuanto sea posible para enamorar a una mujer, como lo estoy de mi amiga. Ahora estoy afrontando sin enfrentar. Sé que es absurdo que esté triste y desalineado por esa tontería de haberme enamorado. Me siento enojado conmigo, decepcionado de mí, de mi impotencia de amor, de siempre fijarme en las personas que ya están enamoradas.

Así termino siempre, en el abismo de la soledad. Y veo a los enamorados y me digo: cuándo me veré en esa circunstancia, ojalá me pasara eso a mí.

Quino

Derechos Reservados © 2012; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos. 


jueves, 16 de febrero de 2012

A veces no me hallo

Le dije a una amiga que a veces no me hallo y me respondió que para hallarse hay que buscarse. Trato de entender qué quiso decirme. El martes estaba en la biblioteca Iberoamericana, como casi siempre, con mi “compañera de tesis” (una de mis pocas amigas mujeres), aquel martes fue 14 de febrero y me invitó a comer a casa de sus padres, hicieron pozole, yo encantado.  Son una linda familia. Conozco gran parte de su familia y ellos me conocen a mí, pero en esta ocasión estaba sólo su prima y su abuelita.
Siendo esa fecha, había mucho relajo para demostrar el cariño que las parejas se tienen. Mi amiga tiene novio, pero no vive en esta ciudad, la hermana de mi amiga no tiene novio pero tiene un Amigo (con A mayúscula) y su prima, recientemente, se había separado del suyo. Durante la comida, las amigas de la mamá de mi amiga nos traían de “comidilla” al hermano de mi amiga y a mí, por el hecho de que ambos no tenemos novia. Al parecer, se le dificulta tener una novia como es mi caso. Realmente, ellas no sólo se divertían con nosotros, sino nos enseñaban de su experiencia.
Por otro lado, estaba la prima de mi amiga, cuyo sentimiento se reflejaba en su rostro. Ella es una mujer realmente muy bella y había decidido terminar con el que era su novio. Ella platicó muy poco de ese evento y las amigas de la mamá de mi amiga fueron bastante considerables con ella y sus comentarios no tenían la gracia con que a nosotros nos trataron. En sí, todos le tratábamos de dar ánimos, porque se le notaba a flor de piel lo que por dentro estaba pensando; en ese des-amor. Es como pude ver en su mirada mi sentimiento. Tratando de esconderlo, yo estoy igual que la prima de mi amiga. Sé lo feo que se siente estar con un corazón roto, pero un corazón cuyas fisuras fueron provocadas por uno mismo.
Al final, en la despedida, una de las amigas de la mamá se acercó y me dijo que no me sintiera mal, pero que nunca pierda las esperanzas de seguir buscando a una persona donde pueda cultivar un amor. Claro, sólo asenté con la cabeza, le dije que era un gusto conocerla y que tomaría en cuenta todos sus consejos. Luego de la comida, regresamos a la biblioteca, pero había un concierto al aire libre. Fuimos un rato, en eso nos vimos con la hermana de mi amiga quién iba con su Amigo (con A mayúscula).
Después del concierto, que lo único que vimos de ese evento fue una considerable cantidad de policías y un ruido tremendo, fuimos a un bar que está por la calle de Coronilla. Ya había entrado una vez a ese bar. En dicho lugar, las personas se encuentra en los bares, me refiero a que muchos conocidos de la hermana de mi amiga estaba ahí, y de repente salían más conocidos que llegaron ahí por mera coincidencia o personas que conocían personas. A decir verdad, yo me sentía muy raro. Mi amiga me preguntó infinidad de veces la razón por la cual veía mi celular, porque infinidad de veces me metía a ver si estaba conectada en el Messenger la persona que a diario la tengo en mi mente. Me preguntaba que si estaba preocupado o aburrido y sólo negué decir cualquier cosa que por mi mente y mi corazón pasaba.
Conversé con muchas personas, yo con mi refresco y ellos con sus bebidas alcohólicas. Conocí a un par de artesanos que elaboran marionetas y que son parte de una compañía de teatro que han estado en París y hasta la sierra Rarámuri. Particularmente, fue interesante saber su opinión, como agentes de la cultura, sobre los asuntos de la política. Me quedé maravillado con su opinión respecto a su posición ideológica y sobre aquello que piensan de la política real.
Eso en un hilo de conversación, por otro lado; rehusaba a conversar los temas de las “parejas”, porque todos hablaban de sus experiencias personales. Yo, sencillamente, no entendía cómo es que una persona se enamora y se mantiene enamorada, pero yo no podía aportar nada a esa conversación, nada que no causara risa o incredulidad, seguirá siendo algo raro para mí.
Así terminó mi 14 de febrero, cómo casi todos los años, confundido de ese misterio de parejas y sin saber ni poder hallarme.
Quino

Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

domingo, 5 de febrero de 2012

¿Sin remedio?

...la culpa es de uno
cuando no enamora
y no de los pretextos ni del tiempo...
Jaime Sabines
A veces, no hay quien te escuche ni quien estés dispuesto a escuchar lo que uno sufre o de las razones por las cuales uno se siente tan miserable; sobre todo cuando se está consciente de que no se puede hacer nada. Sin remedio. Debo confesar que soy muy “subjetivo”, si por subjetivo se define alguien que no puede controlar sus emociones, además; soy sensible al grado que los estados de ánimo se me contagian con facilidad.
Me ha tocado hacer entrevistas para contratar a un poco más de 70 personas como parte de un trabajo temporal y los prospectos eran poco más de 500 personas. No sólo hago la evaluación de las entrevistas, sino que me toca aprobar las contrataciones mediante una sesión pública con mis pares. La entrevista no es fuera del otro mundo, se trata de indagar sobre la vida de las personas y destacar cómo se ha visto implicado en algunas circunstancias para, de ahí, evaluar las actitudes y aptitudes necesarias para el trabajo propuesto. Dicho método implica adentrarse a la vida de las personas.
Por más de una semana me ha tocado escuchar a los candidatos las alegrías, los retos, las frustraciones y necesidades que han vivido. Incluso, he visto su reacción, he estudiado su mirada, el movimiento de su cuello al pasar saliva, los ademanes de sus manos, los gestos y el momento en que cambia su tono de voz al hablar. He entrevistado a vendedores, meseros, profesionistas (ingenieros, abogados, politólogos, geógrafos, secretarias, psicólogos…), taxistas, estudiantes, amas de casa un policía investigador y un músico.
Todos ellos cargan a cuestas la vida que necesitan sobrellevar. Me he sentido muy mal a pesar de que la evaluación la hago de forma objetiva, muchos necesitan el empleo aunque digan que lo hacen por “amor al arte”: lo noto en su discurso;  la forma en que se expresan y; lo noto en su mirada. Me han platicado de cómo cierto edificio, recientemente construido para una villa panamericana, está inclinado 7 grados, de  cómo han levantado la declaración de una mujer violada, de las forma de represión laboral de los gerentes de una tienda de conveniencia, de cómo bajaron a unos cholos de un camión del transporte público, de la difícil decisión de trabajar, estudiar o de acrecentar los lazos familiares, o llevarse a casa la preocupación y agustía de no saber decirle a una mujer que su esposo la engaña con otra persona del trabajo.  
Algunas veces quería detener la entrevista y soltarme a llorar. No quería seguir entrevistando a personas. Recuerdo a una jovencita cuya mirada denotaba miedo: había estado ya en muchas entrevistas y nadie la han contratado, ella está por salir de su licenciatura. El caso del joven músico del cello, es otro caso: se veían tan pacífico, pero tan sumiso. Una señora de 62 años, que ha sido  vendedora toda su vida, y describió cada empleo que ha tenido con un patrón de explotación laboral explícito en cada uno. Lo único que podía hacer es mirarlos teniendo una sonrisa que cubriera mi tristeza: una sonrisa triste -como dice mi amiga-.
No sé cómo ayudarlos. Tengo dos súper cuates psicólogos que varias veces le dije que admiraba su trabajo porque ellos podían intervenir más directamente en la vida de las personas y yo no lo podía hacer. A veces he pienso que cuando le ofrezco ayuda a alguien, más bien trato de decirles que soy quien necesita de ellos. Quisiera saber que se siente ser amado por alguien más. Entre tanto, seguiré ayudando a quien pueda y quien se deje, porque el sufrimiento ajeno no me es indiferente.
Escribir es el primer y último escape para sacar lo que siento. No soy feliz, ojalá tuviera más episodios alegres en mi vida.


Quino



Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.