Me esforcé tanto en reprimir lo que sentía, ahora lamento los minutos que pude haber disfrutado a su lado. Sus bellas sonrisas, sus mejores encantos, sus desvelos por estudiar, su tristeza emotiva, sus opiniones de la rutina, su felicidad producto de un corazón enamorado. En suma, los momentos felices (o no felices) que todo amigo comparte.
Ahora, me pesa tanto, me siento tan mal, tan desolado, tan apachurrado, mi voluntad por los suelos, mi poca alegría abandonada. Aun así, cuando la veía, cuando me hablaba; la luz de mi universo, mi humanidad se enaltecía.
De esta manera pago mi estupidez. No tendré pretexto más para saber de ella. Me siento de lo peor.
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