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martes, 10 de mayo de 2016

Ella también me quiso

“Cuando estás cerca de mí, me enamoro de ti”. Quizá esto que he leído no se refiere a mí o a [¿nuestra?] situación. Tal vez no lo imaginas, pero afirmar que no quiero hablar contigo es una parte de mi propia razón la que se impone, porque en realidad me duele mucho y es bastante triste, tan triste como en este momento que me tienes en una espiral de la tragedia. Mi determinación de no buscarte ni hablarte (pese a mi incapacidad de no dejar de pensarte), es porque el poco tiempo que me destinabas me hacía afianzar el amor que he llegado a sentir por ti.

No importa lo que haga, o mejor dicho: lo que me haya esforzado en hacer o en cambiar de mí, nunca pude hacer que cambiaras de opinión ni siquiera cuando estabas con el que te pisoteaba. ¿Qué puedo hacer más en este momento? Sólo alejarme de mi amarga derrota.

¿Y siempre nos quedamos a un paso? Ayer [re]leí un verso de Neruda:

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
[…]
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

Me hizo pensar en ti, como si fueran pocas las veces que a lo largo del día no pensara en ti. Pero yo siempre te quise y todavía sé que te quiero.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ayer que [re]leí un verso de Neruda me puse a llorar, sin pensar en nada más. Tantas veces te dije: “te quiero”, la única vez que logré tomar tu mano te pedí que te quedaras conmigo para toda mi vida, o todas las veces que te ofrecía una cita en serio y todas las otras veces que intenté besarte y no logré hacerlo.

Sí tengo idea de lo que yo puedo despertar en ti, y es por eso que me alejo de ti, porque creo que no lo dejarás por mí. Por la misma razón que me equivoqué y no tuve el valor de confiar en ti y dejarla para irme contigo aquella vez que los astros conspiraron para mí fortuna.

Mi alma no se contenta con [haberte] perdido.
Aunque éste sea el último dolor que [me causes],
y éstos sean los últimos versos que yo [no te] escribo.


Cuando estas cerca de mí, no me haces daño. Provocas que vuelva a enamorarme de ti, Gaby. 

jueves, 26 de noviembre de 2015

Si supieras

que no me canso de pensar en ti...

But in my heart I wanted more.






Joaquín Monroy 

domingo, 30 de noviembre de 2014

La otra copa de vino

sólo entonces pensó en ella
                                              eligiéndola
y sin dolor         sin desesperaciones
sin angustia y sin miedo
dócilmente empezó
                                 como otras noches

                                                                   a necesitarla.

jueves, 24 de abril de 2014

No te pregunto qué pasa porque sé lo que pasa



¿Te das cuenta de que te extraño? Pese a mi capacidad de adaptación, que no es poca, ésta es una de las faltas a las que ni mi ánimo ni mi cuerpo se han acostumbrado. Al menos, hasta hoy. ¿Llegaré a habituarme? No lo creo. ¿Vos te habituaste?


(Benedetti, 1982, p. 13)

jueves, 17 de enero de 2013

Romance de los vanos encuentros

No preguntes quién pone en este canto un alma destinada al sufrimiento y un pobre corazón que te ama tanto.

I Bronces de las ocho y media nos llaman cada mañana -entre tu casa y mi casa-de dos cornisas y un breve saludos de camaradas.

¡Estás tan bella, vestida de crujiente espuma blanca baje ese sol de las ocho que te ciñe y que te alaba!

Sus amarillas saetas bordan en tu pelo el aura que me recuerda las leves imágenes de las santas.

(Pienso que rezarte a ti tal vez me salvará el alma…)

II Las campanas matinales ponen música en la senda por donde a tu escuela vas, por donde voy a mi escuela.

Tontamente, tontamente me vuelve la vieja idea cada vez que nos cruzamos en nuestras rutas opuestas: pienso en el ayer que ataba con una risa dos sendas, cuando jamás nos cruzábamos tú y yo en camino a la escuela.

Con una misma campana, con una misma existencia, y por una misma calle con sol de las ocho y media… Para nosotros, entonces, había una sola escuela.

III La señorita maestra pasa vestida de blanco ; en su oscuro pelo duerme la noche aún, perfumado, y en lo hondo de sus pupilas yacen dormidos los astros.

Buenos días señorita del caminar apurado; cuando su voz me sonríe olvido todos los pájaros, cuando sus ojos me cantan se torna el día más claro, y subo la escalinata un poco como volando, y a veces digo lecciones.

Julio Cortázar