Los amorosos… se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite
(Jaime Sabines: 1926-1999)
En una conversación, ella me dijo: “Quino, mejor no prometas nada”. La imagen podría verse como una competencia de saltos, donde el jugador es detenido abruptamente por un obstáculo. No recuerdo bien que había prometido, pero la promesa se convierte en un pacto que con seguridad dolerá cuando sea roto o cuando sea incapaz de sostenerse por sí mismo.
Esa es precisamente la debilidad de las promesas que son como pactos. Tomás Hobbes había observado dicha debilidad; la única garantía de un pacto es que las partes estén dispuestas a cumplirlas por todos los medios a su alcance y bajo todas las circunstancias. Luego entonces, un pacto se vuelve un tirano, por tal hecho las partes están en función del pacto y no de su voluntad, lo cual conduce a una pérdida absoluta de libertad. Así pues, las promesas (o los pactos) se vuelven ajenos a la voluntad de las personas, tanto que la inercia no define sí está en reposo o en movimiento, pero ella permanece constante, rutinaria.
Es verdad, no puedo prometer un amor eterno. El amor no puede sostenerse por sí mismo, la única promesa que puede sostenerse son aquellas promesas dinámicas que cambian la inercia en cada obstáculo que se presenta. Promesas que son una sucesión de ellas mismas. No solo es amar o ser amado con el amor inicial, pues ella no tiene la suficiente fuerza para seguir su camino al presentarse un obstáculo.
Lo único que puedo prometer, para bien cumplir, es que -si se enamora de mí- cada día siguiente la enamoraré y me enamoraré como si no la hubiera amado nunca, o como si mañana no pensara amarla más. Eso es transformar la simple inercia en un momento inercial. En un momento, uno tras otro, de renovación de los sentimientos que sostienen al amor.
Ahora entiendo mejor por qué “el amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro”.
Dios mío, no dejo de pensar en ella
Quino
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