miércoles, 7 de agosto de 2013
lunes, 10 de junio de 2013
Junio 10, mes 06
“Aceptamos el amor que creemos merecer”
Las ventajas de ser invisible
“Estás en un punto donde no te puedes ayudar a ti mismo”; “a veces
confundimos por amor con aquel vacío que tenemos con alguna necesidad que no ha
sido cubierta”; “no te confundas, ella no te quiere: así diga lo que diga, sus
acciones muestra otra cosa, pero no lo que tú quieres”; “ya no sé qué decirte,
pero aún te puedo ayudar… (y me recomienda a su terapeuta)”; “los de tu
profesión no van a terapia muy seguido, ¿verdad?”; “probablemente te ama, pero
si ambos sufren por esto no será mucho el amor”; “si ella te necesita, pero te
esconde, deja de preocuparte por ella, que arregle sus asuntos con quienes sí
quiere estar: no te hundas tú. Me has ayudado mucho, no puedo creer que estés
así”. Y siguen los argumentos ¿Qué hacer? No me alcanza nada para comprender qué
me sucede, por qué he dejado que esto ocurra, qué necesidad tengo de
necesitarla. Ella es un encanto, a pesar de todo.
Y sin embargo…
Fui a buscarla, me arriesgué a hacerlo, tuve el atrevimiento de
presentarme en su casa. Lo hice habiendo eliminado el deseo de verla frente a frente,
para no romperme el corazón si no me recibía. Ella no estaba en su casa. Más
tarde me buscó, no fueron más de 15 minutos en aquella banca a fuera de la
iglesia. Mi vida ilusionada, mi sonrisa por ella. La alegría floreció en mí
cuando escuché su voz, cuando la miré llegar. Fue tan dulce el momento, aunque
ella se veía con el semblante triste: y tuvo la fuerza de regalarme una foto
con ella. Olía tan fresca, se veía tan bien: sentir su cabeza en mi hombro,
imaginar sentir sus latidos cerca de mi pecho. Fue mágico. El paraíso en la Tierra.
PD: Con la paz en las montañas…
Quino
Derechos Reservados © 2013; Ley Federal del Derecho de
Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma
ley. Estados Unidos Mexicanos.
jueves, 23 de mayo de 2013
Así escribí el último párrafo de hoy en mi diario
Hoy envidio a quienes pueden
felicitarla, abrazarla, estrechar su mano, besar su mejilla, llenarse de sus
lágrimas (y secarlas), adornarse con su sonrisa. Envidio el aire que rosa sus
labios, envidio el extraño que ignora su presencia, al perro que la mira andar
por la calle con esa aura de belleza que nadie más puede ver, más que yo.
Qué bruto soy.
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especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos
Mexicanos.
viernes, 10 de mayo de 2013
Mayo 10, mes 07
Es allí, es allí
donde anhelo ir
contigo
a vivir junto a
ti.
Johann Wolfgang von Goethe
Este mes ha sido muy duro en esa extraña relación que tengo con ella.
No comprendo, y no quiero aceptar, las veces que trata de disuadir lo que siento
por ella. He pensado en retirarme, le he dejado de hablar y de buscar incluso he
evitado que me encuentre. No sé por qué le pesa mi ausencia. Siempre me la
imagino contenta, porque no puedo saber más allá y por eso la imagino contenta
y en paz con su pareja. Sin embargo, por lo general está triste, he pensado que
también sufro sus desventuras, que debería hacer a un lado mis sentimientos y llevármela
bien con ella. De algún modo sé que por más buena que sea mi suerte no estaré
con ella. Me resisto, pero es lo más probable. Como sea, tengo una inocente
idea de que puedo tener una esperanza, aunque en estos días dijo que la
abandonara, es tan inocente como la forma en que creo que puede fijarse en mí.
Nunca ha funcionado, no sé para qué sigo. Ella es la mujer más completa que he
conocido: intelectual y decidida.
Quino
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Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma
ley. Estados Unidos Mexicanos.
miércoles, 10 de abril de 2013
Abril 10, mes 08
Espero
curarme de ti en unos días.
Debo
dejar de fumarte,
de
beberte, de pensarte.
Es
posible.
Siguiendo
las prescripciones de la moral en turno.
Me
receto tiempo, abstinencia, soledad
Jaime Sabines
Me acordé y es para vos, Dolores. Lo hizo otro, para
otra, pero también yo lo hice y es para vos. Lo hizo otro, porque yo no sé
decir las cosas que siento, pero reconozco cuando alguno es capaz de decirlas
por mí. Y es también un modo de decirlas.
A lo mejor, Vargas ya no se acuerda de esto que
escribió. Yo me acuerdo, y es un modo de hacerlo mío. Porque eres mía, porque
no eres mía. Nadie podría decirlo mejor ¿Verdad? Corazón Coraza. Es para vos,
Dolores. Ya no sé quién lo hizo. ¿Acaso Vargas fue un robot que pensó por mí?
Acaso yo soy Vargas, o Vargas soy yo.
Lo único seguro es que estás existiendo, Dolores, en
algún rincón de este día, en algún lugar del mundo, sola o con alguien, pero
sin mí. Lo único seguro es que sos mejor que todas tus imágenes, que todas las
imágenes que yo tengo de vos. ¿Quise esperar este instante a solas, sin prisa
exterior y sin testigos, para decirme con todas las letras, que estoy
enamorado? Quizá sólo semi-enamorado. Porque ella dice que no, que no me
quiere. Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener
plena consciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor
(...).
Fragmento de “Gracias por el fuego” de Mario
Benedetti
PD: No te ignoro, corazón, estoy esperando curarme de
ti.
Quino
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Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma
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miércoles, 3 de abril de 2013
domingo, 10 de marzo de 2013
Marzo 10, mes 09
Henos
aquí hace un siglo, sentados,
meditando
encarnizadamente
como
dar el zarpazo último que aniquile
de
modo inapelable y, para siempre, al otro.
Rosario Castellanos
Una vez más. Traté de sacarla de mi vida, pero no
puedo. Acepté por un momento reiniciar nuestra amistad, sin embargo, ella no
olvida y yo no dejo de abrigarla con el sentimiento de amor. No sé por qué sigo
intentando, si por otro lado me siento derrotado por ella misma. Me gusta
escuchar lo que me dice, es tan simpática y divertida. Desde que la conozco,
siempre que me acuerdo de ella tengo sólo una sonrisa como respuesta. ¿Qué
pensara ella de mí?
Quino
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viernes, 8 de marzo de 2013
¿Por qué no me preguntó a qué me dedicaba?
23 de enero 2013, miércoles
Hace varias semanas, salí a correr por la noche
y cuando regresaba a la casa miré varias baterías regadas por el piso. Detuve
mi paso, las tomé una a una. Delante de mí, se acercaba una persona que por
fijarme en las baterías en el suelo sólo había notado que venía en mi
dirección. Tenía las cuatro baterías en la mano cuando fui levantando la
mirada. La chica que venía hacía mí se había detenido y noté su sonrisa.
Entonces el recuero. Ambos coincidimos en la escuela primaria, pero
en clases distintas. Me acuerdo mucho de ella porque me fascinaba mirarla; era
(y sigue siendo) una mujer que destellaba ternura. Conforme fuimos madurando me
di cuenta que se hizo una mujer bastante atractiva. Ella siempre llegaba
temprano, pero a diferencia de mí, se iba directo a su salón de clases, yo me
quedaban en las gradas del patio cívico y de frente al asta bandera de la
primaria Sor Juana Inés.
En quinto de primaria crucé mis primeras
palabras con ella, en efecto, era bastante dulce al hablar. Practicábamos un
baile, pero no recuerdo para qué festival. Ella estaba a dos parejas de mí. En
un descanso, sentados en el piso, hubo algo chistoso y se dirigió conmigo para
comentarlo. Me sorprendió que me hablara si nunca lo habíamos hecho. Fue
bastante simpática. No volvimos a cruzar palabra alguna, sino hasta la
secundaria.
Entré a la secundaria Ricardo Flores Magón,
ella quedó en mi grupo. Era la quinta de la lista y yo el 49. Como siempre he
sido, pocas veces le hablé por timidez. Cuando me dirigía a ella lo hacía como
si fuera una mujer adulta, lo hacía de forma seria. Ella fue la primera mujer a
la que le dije que me parecía muy linda. Recuerdo en un receso que me acerqué a
ella y le dije: “Con todo respeto, eres muy linda”. Me vio a los ojos y lanzó
una sonrisa con todos sus dientes al tiempo que decía, gracias.
Como esa sonrisa que me miraba al levantarme del
piso donde recogía las baterías aquella noche que salí a correr. Era verdad que
estaba allí, casi a media noche, mirando cómo recogía las baterías del suelo y
frente al mismo edificio de la secundaria donde le dije que era muy linda. Fue
inconfundible su sonrisa y sus delicadas piezas de mujer que destellaban
ternura, como todas las mañanas en que la seguía con la mirada hasta su salón
al pasar por el patio cívico de la primaria, yo; sentado en las gradas de frente
al asta bandera.
Me sentí apenado por un momento. No muchas
personas recogen baterías del suelo para evitar la contaminación por metales
pesados. Ella, con su sonrisa desplegada, la recibí con un “hola, buenas
noches”. Platicamos un momento recordando las amistades de aquella época.
Resulta que ella se casó con chico que era mi compañero de la primaria y tienen
un varón como hijo. El azar es tan caprichoso. Honestamente, nunca me enamoré
de ella. Eso creo. Nunca sentí sentimientos hacía ella, salvo la atracción de
esa ternura que siempre la acompaña, como una sombra alegre sobre sí misma.
Mientras hablábamos, pasaba cada batería por
mis dedos, estaba algo nervioso por el encuentro. Puedo decir que no soy tan
común, si no me preocupara cada batería que está en el suelo de la Tierra, me
hubiera seguido de largo y no hubiese tenido ese encuentro ni ese momento
bochornoso. Supongo que a ella no le dio importancia. No debería haberme
sentido así, pero seguro se fue pensando que me dedicaba a recoger cosas del
suelo. En fin, me gusta encontrarme
viejas amistades, porque me gusta disfrutar de un sentimiento añejo que sólo se
recobra cuando precede del: “te acuerdas cuando…”.
Quino
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Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma
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miércoles, 20 de febrero de 2013
domingo, 10 de febrero de 2013
Febrero 10, mes 10
Corazón
obscuro,
corazón
con muros,
corazón
que se esconde,
corazón
que está dónde,
corazón
en fuga,
herido
de dudas
de
amor…
Silvio Rodríguez
Una idea feliz; terminé mi posgrado, una idea triste,
la mujer que estoy enamorado no me invitó a su defensa de tesis. Eso me hizo
pensar que no me quiere en su vida. Debo tomar mis decisiones y sostenerlas, si
no me quiere en su vida; no vale la pena insistir en ella. Aunque, este día me
invitó a una comida. Asistí. Fue muy lindo, y ella se veía todavía más linda. Entre
nosotros dos había una distancia de varios poemas que le dije en silencio.
No sé qué escribir más. Nunca olvidaré este día con ella y con su familia.
Quino
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