Hoy envidio a quienes pueden
felicitarla, abrazarla, estrechar su mano, besar su mejilla, llenarse de sus
lágrimas (y secarlas), adornarse con su sonrisa. Envidio el aire que rosa sus
labios, envidio el extraño que ignora su presencia, al perro que la mira andar
por la calle con esa aura de belleza que nadie más puede ver, más que yo.
Qué bruto soy.
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Mexicanos.
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