martes, 25 de febrero de 2014
jueves, 13 de febrero de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
miércoles, 15 de enero de 2014
Me alucinaste
“…no se puede cambiar de corazón
como de camisa sin perder la sonrisa…”
Andrés Calamaro* (Upps!)
Alucinaste que rasuré mi bigote de los cuarenta, porque me di cuenta
que ni así te fijaste en mí, a seis días de haber acordado que saliéramos de
nuestras vidas y que deseaba no volverte a encontrar, a seis días de que nos hubiéramos
visto en persona, de que te hubiera prometido que me quedaría contigo y me portaría bien para
compartir esta ciudad. Para haberte encontrado cuando subías las escaleras
mientras yo subía por la rampa, dirigiéndonos al mismo punto donde quizás nos encontraríamos los
tres, hubiera tenido que salir de mi casa a las ocho de la mañana de aquel
jueves para dirigirme a la facultad, hubiera tenido que ir de biblioteca a la
calle, de la calle a la biblioteca, de la biblioteca a las ventanillas de
control escolar. Hubiera tenido que encontrarme a uno de nuestros amigos y que comenzara
a hablar de ti, de él, de mí, de nosotros, de por qué nunca asisto a sus
reuniones, o de por qué no fui a tu examen de posgrado o de que te verá en unos
días y esperaba que fuera con ustedes.
Para haberte encontrado en aquel lugar, en el momento justo, hubiera tenido que enredarme en
palabras para evitar contestar esas preguntas que me causaban tristeza. Hubiera
tenido que ir de nuevo a la biblioteca, asistir a una chica en su tesis, y
decidir que esa jornada en la facultad había de terminar. Hubiera tenido que
decidir dirigirme al tren ligero para así subir por la rampa y en medio del
tramo detenerme.
Para encontrarte en ese punto, nuestros pasos debían estar finamente
sincronizados para evitarnos. Detener el curso del destino, como un ejemplo más
de que las cosas no pasan por que así lo evitamos. De que nuestras miradas deberían
estar sincronizadas para levantar la vista y tú girar la mirada a la izquierda
y yo girar a la derecha para reconocernos. Me hubiera quedado helado con la
emoción y la sonrisa que, a pesar de todo, siempre florecía en mí cada vez
que te veía, pero encontrarte allí, en ese
momento, con él detrás de ti, siguiéndote. No te hubieras detenido por mucho
tiempo porque él te hubiera alcanzado y habiendo girado su vista hacía donde
veías, seguiste su camino. Aunque sincronizados nuestros pasos y nuestra vista
en la intersección de nuestros caminos, no obstante, eran nuestras vidas las
que se bifurcan.
Porque los hubiera seguido. Hubiera estado a unos metros de ti logrando
escuchar tu vos por última vez frente a la cafetería, te hubiera alcanzado la
mano frente a las bancas que por un año procuramos para la clase de estadística,
justamente allí cuando pensé por primera vez, antes de tu examen en diciembre
de 2010, decirte lo mucho que me gustabas, lo especial que comenzaste a
significar para mí cuando te quejabas de una persona que parecía no darte importancia, la misma que caminaba cerca de
ti aquel jueves en que me alucinaste en la rampa mientras subías las escaleras.
Te hubiera pedido hablar contigo, disculparme que las últimas palabras
que te habían escrito fuera un “cállate”, un “cállate” que no sólo escribí, lo
pensé y lo dije, porque no podía soportar más que me dijeras que sí me llegaste
a querer. Y sin embargo, me hubiera ido corriendo para alcanzar el tren. Hubiera
tenido que correr como loco huyendo de nadie, sino de mí, a vigilar el desierto donde espero encontrarte
para mí, donde sólo mi lucidez puede encontrarte; en mi imaginación.
Me alucinaste, sí, porque la única ironía es que me busques sin que
pienses quedarte conmigo y, aun así, extrañarte todavía.
Joaquín
Derechos Reservados © 2014; Ley Federal del Derecho de
Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma
ley. Estados Unidos Mexicanos.
martes, 24 de diciembre de 2013
Julio Cortázar
***
No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste
***
PD: Para Joaquín. En silencio y en secreto...
miércoles, 7 de agosto de 2013
lunes, 10 de junio de 2013
Junio 10, mes 06
“Aceptamos el amor que creemos merecer”
Las ventajas de ser invisible
“Estás en un punto donde no te puedes ayudar a ti mismo”; “a veces
confundimos por amor con aquel vacío que tenemos con alguna necesidad que no ha
sido cubierta”; “no te confundas, ella no te quiere: así diga lo que diga, sus
acciones muestra otra cosa, pero no lo que tú quieres”; “ya no sé qué decirte,
pero aún te puedo ayudar… (y me recomienda a su terapeuta)”; “los de tu
profesión no van a terapia muy seguido, ¿verdad?”; “probablemente te ama, pero
si ambos sufren por esto no será mucho el amor”; “si ella te necesita, pero te
esconde, deja de preocuparte por ella, que arregle sus asuntos con quienes sí
quiere estar: no te hundas tú. Me has ayudado mucho, no puedo creer que estés
así”. Y siguen los argumentos ¿Qué hacer? No me alcanza nada para comprender qué
me sucede, por qué he dejado que esto ocurra, qué necesidad tengo de
necesitarla. Ella es un encanto, a pesar de todo.
Y sin embargo…
Fui a buscarla, me arriesgué a hacerlo, tuve el atrevimiento de
presentarme en su casa. Lo hice habiendo eliminado el deseo de verla frente a frente,
para no romperme el corazón si no me recibía. Ella no estaba en su casa. Más
tarde me buscó, no fueron más de 15 minutos en aquella banca a fuera de la
iglesia. Mi vida ilusionada, mi sonrisa por ella. La alegría floreció en mí
cuando escuché su voz, cuando la miré llegar. Fue tan dulce el momento, aunque
ella se veía con el semblante triste: y tuvo la fuerza de regalarme una foto
con ella. Olía tan fresca, se veía tan bien: sentir su cabeza en mi hombro,
imaginar sentir sus latidos cerca de mi pecho. Fue mágico. El paraíso en la Tierra.
PD: Con la paz en las montañas…
Quino
Derechos Reservados © 2013; Ley Federal del Derecho de
Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma
ley. Estados Unidos Mexicanos.
jueves, 23 de mayo de 2013
Así escribí el último párrafo de hoy en mi diario
Hoy envidio a quienes pueden
felicitarla, abrazarla, estrechar su mano, besar su mejilla, llenarse de sus
lágrimas (y secarlas), adornarse con su sonrisa. Envidio el aire que rosa sus
labios, envidio el extraño que ignora su presencia, al perro que la mira andar
por la calle con esa aura de belleza que nadie más puede ver, más que yo.
Qué bruto soy.
Derechos Reservados © 2013; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en
especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos
Mexicanos.
viernes, 10 de mayo de 2013
Mayo 10, mes 07
Es allí, es allí
donde anhelo ir
contigo
a vivir junto a
ti.
Johann Wolfgang von Goethe
Este mes ha sido muy duro en esa extraña relación que tengo con ella.
No comprendo, y no quiero aceptar, las veces que trata de disuadir lo que siento
por ella. He pensado en retirarme, le he dejado de hablar y de buscar incluso he
evitado que me encuentre. No sé por qué le pesa mi ausencia. Siempre me la
imagino contenta, porque no puedo saber más allá y por eso la imagino contenta
y en paz con su pareja. Sin embargo, por lo general está triste, he pensado que
también sufro sus desventuras, que debería hacer a un lado mis sentimientos y llevármela
bien con ella. De algún modo sé que por más buena que sea mi suerte no estaré
con ella. Me resisto, pero es lo más probable. Como sea, tengo una inocente
idea de que puedo tener una esperanza, aunque en estos días dijo que la
abandonara, es tan inocente como la forma en que creo que puede fijarse en mí.
Nunca ha funcionado, no sé para qué sigo. Ella es la mujer más completa que he
conocido: intelectual y decidida.
Quino
Derechos Reservados © 2013; Ley Federal del Derecho de
Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma
ley. Estados Unidos Mexicanos.
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