domingo, 29 de enero de 2012

Conversación entre una ñoña y un ñoño


Hace unos días salí a la Ciudad de México para asistir a un curso, en la Universidad Nacional Autónoma de México, que impartiría el co-director de tesis doctoral de una amiga ñoña. Debo decir que fue la primera vez que salí de viaje con una mujer; una mujer ñoña. Fue divertido viajar con ella porque pasé tiempo viendo películas en el autobús. Mientras yo me iba disponía a leer ella sugirió disfrutar de la película y, sinceramente, no me arrepentí porque me reí como loco viendo la película de “La familia de mi novia 3”, además vi por primera vez una película de Woody Allen cuyo nombre no supe, pero se trataba de algunas frustraciones laborales de un escritor; la (des)ventura de un viejo que no quería envejecer; la esposa del escritor que quería tener su propia galería sin enamorarse en el intento; la esposa del viejo que se entretenía con una vidente buscando un amor que compartir. En fin. En realidad, también la acompañé porque tenía que ir a cierto organismo central electoral.

Entre muchas conversaciones que tuve con mi amiga ñoña, la siguiente es una de ellas que tuve acerca de una mujer (no tan ñoña, sino más bien lista en los negocios) y otro amigo ñoño:

-          Tú que pensarías si te digo que mi amiga ha salido con todos mis amigos que le presento.
-          ¿Qué diría yo?, ¿Tengo que decir algo al respecto? No entiendo qué, diría que es muy amable.
-          Mmm, a ver, ¿tú también?
-          Yo también qué.
-          Es que le digo a Harold que no se emocione con mi amiga porque ella suele ser muy cariñosa y con ello saca ventaja para que los hombres, mis amigos, crean que pueden ser algo más.
-          ¿Cómo?
-          Ayy Quino, no manches, tú también.
-          Yo también qué (con cara de frustración).
-          Mira, Katy suele hacerte así (me toca el brazo como acariciándome) pone su cara de niña buena y te dice - “se me antoja esto y esto otro”. Y todos mis amigos piensan que ya se la van hacer novia, caen redonditos y ahí están tras de ella comprándole e invitándole cosas.
-          Pues no funciona cuando somos ñoños (la verdad mi argumento era débil si conociera más mi historial sentimental). Tú me la presentaste y ¡yo! no “salí” con ella.
-          Cómo  no, sí la invitaste a “salir”.
-          No, no la invité a salir (con cara de extrañado y mi amiga se me queda viendo incrédula). Qué ¡no! la invité a salir.
-          La invitaste un café.
-          No la invité un café, me quería vender una “Inversión”.
-          No importa, le pagaste el café (yo riéndome).
-          Eso no es “salir”, me quería vender algo (me interrumpe)  - los que te quieren vender algo siempre te invitan las cosas Quino.
-          No es que Katy se quiera aprovechar, pero como ve que mis amigos se pasan de “buenos” (creo que quería decir estúpidos), ella saca ventaja de su toque femenino.
-          A ver, ¿me habías contado que a Katy la conociste porque fue novia de un primo tuyo?
-          Sí.
-          Me habías dicho que tu primo la había tratado muy mal, habían durado alrededor de 4 años de novios y, aunque se la llevaba muy bien con tu familia, tu primo la traía como  un llavero en el bolsillo. ¿Cómo es posible que una mujer, que sufrió de esa manera, puede aprovecharse de otros hombres?
-          Pues créelo, así es ella, así son las mujeres, así somos. Por eso le digo a Harold que no se ilusione.
-          Pero su vida pasada puede indicar lo contrario.
-          Hay Quino (pegándose en la frente como diciéndome, qué estúpido eres).
-          Cuando se está enamorado dejas que sucedan muchas cosas que te hieren, pero aún así sigues en la relación.
-          Ahhh. je ne comprends pas; I don't understand. Entonces, ¿nacen o se hacen?
-          Nacemos (riéndose despiadadamente).
-          Mmm, yo no haría eso.
-          No, claro que no, porque eres hombre.
-          Entonces, Harold, está en peligro.
-          Sí, ella no quiere nada con él y Harold no quiere hacerme caso o no me entiende.
-          Yo no te hubiera hecho caso, creo que nosotros, los ñoños, es la única forma de acércanos con una persona del sexo contrario. A mí no me gusta Katy, es muy linda y simpática, pero cuando platiqué con ella, no me gustó su forma de pensar. Me platicó de la forma en que compró su primer coche, que fue de agencia, todo por su habilidad en los negocios, hasta ahí estaba bien, no siempre conoces a alguien que en la prepa ya tenía un coche sin que nadie le ayudara y, sobre todo, viniendo de una familia humilde. Mientras ella me hablaba de las cifras que podía invertir y cómo su empresa lo haría. Yo le contesté con mi discurso común de teoría política y vida cotidiana. Le respondí -como en un debate- que no me estaba vendiendo una inversión, sino un seguro contra la incertidumbre de la economía de mercado  y… (me interrumpe de nueva cuenta).
-          Pero le pagaste el café.
-         No tomé café, tomamos limonada natural (y seguí caminando con mi amiga ñoña hasta la biblioteca de la UNAM, pensativos).

A Harold lo conocí en un debate; el estaba a favor de la interrupción del embarazo y yo contra él. Y siempre que lo veo platicamos de política y del avance de la física. Está por comenzar el doctorado en física y ha estado en Massachusetts Institute of Technology y pronto en una conferencia en Bélgica. Siempre creí que Harold no lidiaba con estos problemas del corazón, de los sentimientos no correspondidos. Debí darme cuenta, él se parece tanto a mí: guarda todos los recibos de compra; apaga con el pie las colillas de cigarro cuando las ve en el piso encendidas; le gusta la política y la física; no fuma; no bebe alcohol; mantiene el orden en su habitación; siempre planea sus rutas -tiempo y distancia- antes de salir; siempre compara los productos que va a comprar (cerciorando donde fueron fabricados o ensamblados, evaluando si en dicho lugar no explotaban personas, verifica si tiene la Norma Oficial Mexicana, entre otras cosas similares); evalúa la necesidad de comprar productos suntuarios; se desinfecta a sí mismo y las cosas que utiliza; se lava las manos antes y después de utilizar el transporte público o cosas que están al alcance de todo mundo.

Pero tal vez él se hace más responsable de sí mismo, disfruta su tiempo libre: va al teatro, al cine, a comer, a los conciertos, viaja solo sin que le importe si alguna mujer acepta acompañarlo a esos lugares. Debería aprender de su actitud y dejar que la soledad me acompañe. En fin, ojalá algún día ya no me importe la compañía de nadie.

Quino



Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

sábado, 28 de enero de 2012

Ni siquiera soy polvo

No quiero ser quien soy. La avara suerte
me ha deparado el siglo diecisiete,
el polvo y la rutina de Castilla,
las cosas repetidas, la mañana
que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
la plática del cura y del barbero,
la soledad que va dejando el tiempo
y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
casual me reveló no usadas voces
que me buscaban, Amadís y Urganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
que historian cabalmente las empresas:
el Grial, que recogió la sangre humana
que el Hijo derramó para salvarnos,
el ídolo de oro de Mahoma,
los hierros, las almenas, las banderas
y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
los reinos de la tierra, vindicando
el honor ultrajado o imponiendo
justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
a nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
a veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
seré ese paladín. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
antigua y una hoja de Toledo
y una lanza y los libros verdaderos
que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
no proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
que entreteje en el sueño y la vigilia
mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
que militó en los mares de Lepanto
y supo unos latines y algo de árabe…
Para que yo pueda soñar al otro
cuya verde memoria será parte
de los días del hombre, te suplico:
mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.


Jorge Luis Borges


lunes, 16 de enero de 2012

¿Qué tanto daño te hice? mi prosa desesperada


Amiga mía, te hice daño; lo sé, es mi tormento diurno. Pero, ¿qué tanto fue el daño? así no me gustas, así no te quiero. Tu indiferencia, tu aparente desprecio me duele, me destruye lentamente y nada puedo hacer, sino destruirme con la lentitud que nacen los cerezos.
Dios mío, comprende mi circunstancia. Estuve ahí cuando lo necesitabas, acompañé tu debilidad sentimental y jamás saqué ventaja de ella. Yo sé lo que es estar sin nadie que te escuche, sin nadie que te comprenda o sin que nadie esté dispuesto a hacerlo.
Sólo quiero salvar nuestra amistad, mi tiempo pasó y mi propia debilidad colapsó en mí. Amiga mía, ayúdame; ayúdame que quiero recuperar tu amistad. Te lo suplico, por favor sólo quiero tu amistad.  

Si supieras, niña ingrata,
lo que mi pecho te adora;
si supieras que me mata
la pasión que por ti abrigo;
tal vez, niña encantadora,
no fueras tan cruel conmigo.

Si supieras que del alma
con tu desdén ha volado
fugaz y triste la calma,
y que te amo más mil veces,
que las violetas al prado
y que a los mares los peces;

tal vez entonces, hermosa,
oyeras el triste acento
de mi querella amorosa;
y atendiendo a mi reclamo,
mitigaras mi tormento
con un beso y un “yo te amo”.

Si supieras, dulce dueño,
que tú eres del alma mía
el solo y único sueño;
y que al mirar tus enojos,
la ruda melancolía
baña en lágrimas mis ojos;

tal vez entonces me amaras,
y con tus labios de niño
mis labios secos besaras;
y cariñosa y sonriente
a mi constante cariño
no fueras indiferente.

Ámame, pues, niña pura
ya que has oído el acento
del que idolatrarte jura;
y atendiendo a mi reclamo,
ven y calma mi tormento
con un beso y un “yo te amo”.

Manuel Acuña

Quino



Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

jueves, 5 de enero de 2012

Amor de mis amores o siempre la misma historia

Es probable que no piense en ti
durante mucho tiempo.
Ya ves.
¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
Jaime Sabines

Todos los que no entienden de perder,
te dirán no pasa nada, la vida seguirá.
Todos los que no saben de soledad,
te dirán todo se olvida, otro ocupa su lugar.
Canción de Julieta Venegas

Tenía insomnio y escribí todo esto:
En la filosofía de la historia existen al menos tres perspectivas o formas de interpretar la historia; la historia es regresiva, es cíclica o es progresiva. La primera forma indica que los hechos que se suceden van hacia una degeneración, es decir, todo va empeorando. En la segunda forma indica que el punto de partida de la historia, no importa cuántos eventos sucedan, siempre se llega a un punto con las mismas o similares condiciones de partida. La tercera forma de filosofía de la historia indica que la sucesión de los hechos siempre va en una trayectoria de perfeccionamiento.
Creo que mi historia de amor es cíclica, siempre llego tarde o siempre me equivoco de quien me enamoro y siempre se desenlaza de la misma forma: renunciar a lo que siento, al menos reprimir lo que siento, para mantener la relación de amistad. Todo indica que aparezco en el peor momento de una persona: en “mal tiempo” como una vez me lo dijo mi amiga. Entonces, me invade un sentimiento de que mi amor es de lo peor, sólo lleva a penas a quien se lo dedico.
La verdad es que aun puedo contar con una sola mano las personas de las que me enamoré hasta la fecha (la próxima vez que me enamore contaré con la otra). No soy de los que se enamora tan fácilmente, pero cuando lo hago es un sentimiento tan noble y estúpidamente sincero.
Hace poco estaba buscando un mensaje en mi correo electrónico y me topé con un en particular. Es un lamentable caso, más bien es un caso muy representativo de mi fracaso de amor. El correo electrónico, que a continuación reproduzco íntegramente (salvo los nombres que cambié), es una muestra de lo que siempre me sucede, de ese mal tiempo que siempre cargo, y tal parece que seguiré cargando.

Me animé a escribirle a la amiga de la cual me enamoré después de que un amigo le tomó una foto y me la envió al correo, hace ya unos años. Mi amigo “René” le tomó la foto a fuera de su casa, a un ladito de la Prepa dos, en la calle Emilio Rabasa y Álvarez del Castillo, donde estudiamos, y ella, mi amiga, “Marie” aparecía en el retrato con un semblante triste, apagado y con su mirada dolorosa y hermosa al mismo tiempo. Yo especulé su estado sentimental. Me sentí tan corrupto, tan triste por ella, pensé que estaba así por culpa de mis sentimientos y le escribí:
**************Inicio del correo**************
From: quino4@hotmail.com
To: marie_239@hotmail.com
Date: Thu, 2 Jun 2004 13:45:42 -0500

Hola Marie: A veces me quedo muy desconcertado. Me siento muy triste porque creo que te hice  mucho daño y te ofende lo que siento por ti. El otro día René me mostró una foto tuya, la cual me conmovió demasiado, fue un duro golpe a mi moral. La foto te mostraba con una mirada en tus ojos muy triste, como si en el mundo sólo quedaras tú y las esperanzas hubieran sido borradas. Una foto que me destrozó dentro de mí. Me ha trasmitidos tu tristeza, y me afecto demasiado.
Quisiera hacerte feliz, pero veo que soy incapaz de hacerlo. Me ha provocado ver en tu mirada una tristeza que se ha convertido en mi pesadilla y mi profunda tristeza. Si yo solo pudiera resarcir el daño, y pararse que la única solución es negar mi amor que siento por ti (Que he tratado se hacerlo cientos de veces y, también, han sido cientos de veces que me enamoro más). Que el destino fatal me espera, trato de sacrificar lo que siento por tu eterna felicidad. Ayer alguien se refirió de ti como a mi querida: me hizo reflexionar y pensar que simplemente no sirvo para amar aunque sienta amor por ti. -Cuanto me duele esa afirmación-.
Siempre, casi a cada momento pienso en ti y me duele demasiado saber y pensar que te estoy incomodando por lo que siento. Me siento tan infeliz y nada más por ver tu foto con la mirada triste. Me ha destrozado el corazón. Quiero que siempre seas feliz, es mi máximo deseo y porque te amo trato de olvidar (pero no puedo), pero es más grande el amor que el olvido. Me inhibe hablarte porque no puedo decir, con palabras, lo que en verdad siento, y las veces que hablábamos, no era del todo sincero por esconder lo que siento y pienso de ti; una amor inconcebible. Un amor que me quedare por siempre en la absoluta prisión de mis sentimientos.
Me alegra escucharte dulce voz, pero es también mi tormento porque nunca podré amar correctamente. Se disculpan mis sentimientos, Marie, Te extraño........................ como una buena y alegra amiga. Ya no te he encontrado en el MSN (el unico medio que me quedaba para no extrañar) me has de haberbloquedao con buenas razones, que bueno que lo haces.
Gracias Marie por leer lo que sinceramente estoy sufriendo.
Quino: Por un Mundo mejor
Culpable de todo el Bien que no he hecho

**************Fin del correo**************
Ideas, de mi parte, como: 1) te hace daño lo que siento por ti; 2) quiero hacerte feliz, pero no lo eres conmigo; 3) trato de olvidarte, pero no puedo; 4) no sirvo para amar; 5) me alegra estar a tu lado, pero me atormento por lo que siento; 6) nunca podré amar correctamente; 7) perdóname por lo que siento por ti y; 8) ya sólo te quiero como amiga, las puedo usar, inclusive ahora con un poco de mejor ortografía –claro está–. No sobra decir, que desde muy temprana edad las mujeres me ponían tan nervioso y fui desarrollando mi timidez a tal grado de tartamudear cuando alguna me gustaba o de la imposibilidad (sí, de la imposibilidad) de hablarle directamente a alguna que me gustara.
Y por la noche ella respondió de la siguiente forma:

**************Inicio del correo**************
De: Marie H. M. (marie_239@hotmail.com)
Enviado: jueves, 02 de junio de 2004 08:32:29 p.m.
Para:  quino4@hotmail.com

SABES:
AVECES ME SORPRENDE TANTO TU ACTITUD, NO DEBERIAS DE DECIR TODO ESTO POR Q NO LO MEREZCO, PORQ YO TE HE LASTIMADO MUCHO POR QUE NO HE PODIDO CORRESPONDER A TUS SENTIMIENTOS Y ME SIENTO MAL DE VERDAD TE LO DIGO DE CORAZÒN (OLVIDAME) YA NO TE HAGAS DAÑO POR FAVOR.
Y SI DE CIERTA MANERA SI HAY MUCHA TRISTEZA EN MI, HE PASADO X MUCHAS COSAS QUE LAMENTABLEMENTE CREEI QUE JAMAS PASARIA, PERO CREO QUE YA LO ESTOY SUPERANDO. PERO TU NO TIENES PORQ SENTIRTE CULPABLE, LA UNICA RESPONSABLE DE LO Q ESTABA PASANDO FUI YO, Y SABES POR Q ME FIJE EN LA PERSONA EQUIVOCADA PERO YA VEZ PERO NUNCA ES TARDE PARA DARSE CUENTA DE LOS ERRORES COMETIDOS.
Y NO TE PREOCUPES X EL PASADO QUEDO EN EL PASADO, DE VERDAD YA LO OLVIDE Y AHORA VEO LAS COSAS Y NO FUERON TAN GRAVES, YO TE ESTIMO MUCHISIMO Y DE VERDAD ME DUELE EL DARME CUENTA Q CUANDO VA HABER ALGO UNA REUNIÒN EVITAS IR Y LO HACES PORQ VOY A IR YO. TE VOY A PEDIR Q NUNCA LO VUELVAS HACER OK.
POR LO MISMO QUERIA IR A TU CASA PARA CONVERSAR CONTIGO PERO FUE IMPOSIBLE YA QUE EDUARDO NOS PERDIO, Y NO SUPIMOS LLEGAR PERO PARA EL CUMPLEAÑOS DE TURIS NOS VEREMOS Y PLATICAREMOS. Y CUANDO QUIERAS LLAMAME PARA ESO SON LOS AMIGOS Y NO TE PREOCUPES X MI. YO ESTOY BIEN Y DE VERDAD YA NO ME QUIERAS COMO DICES POR QUE NO LO MEREZCO, TU TARDE O TEMPRANO ENCONTRARAS A UNA PERSONA Q TE QUIERA COMO TU LO MERECES.

             TU AMIGA: Marie Josefina H. M.
**************Fin del correo**************

Ideas, de parte de ella, como: 1) no me quieras como dices; 2) te lastimo y me siento mal por no corresponder tus sentimientos; 3) olvídame y no te hagas más daño; 4) no eres culpable, soy la responsable de mi situación; 5) me fijé en la persona equivocada; 6) me duele que no hables conmigo y que no asistas a las reuniones por mi causa; 7) pronto nos veremos y platicaremos para eso somos los amigos; 8 ) Ya no me quieras tanto (otra vez) porque no lo merezco y, en letras de oro, –redoble de tambores–; 9) tarde o temprano encontraras a una persona que te quiera como lo mereces, y –como diría Forrest Gump– no sabía que tenía que buscarla, todas estas ideas me las repiten una y otra vez encontrando “la manera, una manera tierna y a la vez implacable, de desahuciar mi amor” diría Sabines y, claro, esto sólo refuerza mi hipótesis de que siempre soy la persona no indicada.
Después de eso, Marie se fue apartando de mí. No conversamos nunca más por el Messenger, no intercambiamos correos o mejor dicho, no respondió o los ignoró, no respondió mis llamadas a su teléfono, mis mensajes a su celular –que es el mismo que aún tengo–, no nos volvimos a ver hasta el día de su boda. Aquel día de 2007 en que se casó en la iglesia de San Onofre. A su boda invitó a todos los amigos de la prepa personalmente o por teléfono, excepto a mí. Me enteré por un amigo vía  Messenger, que fue bastante insensible cuando lo hizo.
Para ese año, mi amor por ella estaba encerrado en un altar cerca de mi corazón (donde hay más nichos disponibles) y me sentí tan mal que no me haya invitado si nunca fuimos más que amigos, si nunca le dije de viva voz cuánto la quería, si ella dijo que seguiríamos siendo amigos a pesar de eso y prometí no demostrarle mis sentimientos, no me invitó. Aún así, me presenté en la iglesia, pero me quedé afuera de ella, no entré a misa porque mi presencia era espuria: a boda ni bautizo no vayas sin ser llamado. Cuando salieron de misa y todos gritaron con alegría; vivan los novios, me esperé recargado en una columna sin que ella me viera, cuando comenzaron las felicitaciones y abrazos, me acerqué y ella me miró fijamente, pero no como lo hacía antes, creo que se sorprendió de verme en su boda. Le pedí permiso para darle un abrazo (siempre, para todo, pido permiso), y le dije a su oído: me siento orgulloso. Ella sólo dijo: gracias por venir, pero con una voz débil.
Aunque me pidió que fuera a su fiesta me negué meneando la cabeza, di media vuelta –ella siguió recibiendo abrazos a las puertas de la iglesia de San Onofre– y me fui con lágrimas atoradas en mi corazón, inundando mis venas y arterias. Caminé desde ese lugar en Oblatos hasta mi casa, en un recorrido de 45 minutos a pie a pleno sol. Me desdibujé por el resto de sus días y aún sigo pensando en ella y un amigo me ha dicho que siempre pregunta por mí. En cuatro de los cinco amores de mi vida tienen la misma historia y casi el mismo final, excepto el primero que fue Dios quién me lo quitó.
Mi drama ha sido el mismo, hoy sólo es la enésima biografía del fracaso. Ya debería acostumbrarme, ya debería resignarme, ya no quiero enamorarme porque me duele profundamente. Ya sólo pido que deje de doler.

Quino



Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Ya que para despedirme


A veces me pregunto, ¿qué hace tan especial una redacción que es al mismo tiempo tan bello y tan triste? Ojalá pudiera escribir como un poeta, y poder referirme a ella como los versos de la lira más hermosa del mundo. Feliz Navidad a los lectores, ojalá algún día se animen a escribirme y a aconsejarme.

Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,

háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más justa causa negros.

Y aun ésta te hablará torpe
con las lágrimas que vierto,
porque va borrando el agua
lo que va dictando el fuego.

Hablar me impiden mis ojos;
y es que se anticipan ellos,
viendo lo que he de decirte,
a decírtelo primero.

Oye la elocuencia muda
que hay en mi dolor, sirviendo
los suspiros, de palabras,
las lágrimas, de conceptos.

Mira la fiera borrasca
que pasa en el mar del pecho,
donde zozobran, turbados,
mis confusos pensamientos.

Mira cómo ya el vivir
me sirve de afán grosero;
que se avergüenza la vida
de durarme tanto tiempo.

Mira la muerte, que esquiva
huye porque la deseo;
que aun la muerte, si es buscada,
se quiere subir de precio.

Mira cómo el cuerpo amante,
rendido a tanto tormento,
siendo en lo demás cadáver,
sólo en el sentir es cuerpo.

Mira cómo el alma misma
aun teme, en su ser exento,
que quiera el dolor violar
la inmunidad de lo eterno.

En lágrimas y suspiros
alma y corazón a un tiempo,
aquél se convierte en agua,
y ésta se resuelve en viento.

Ya no me sirve de vida
esta vida que poseo,
sino de condición sola
necesaria al sentimiento.

Más, ¿por qué gasto razones
en contar mi pena y dejo
de decir lo que es preciso,
por decir lo que estás viendo?

En fin, te vas, ¡ay de mí!
Dudosamente lo pienso:
pues si es verdad, no estoy viva,
y si viva, no lo creo.

¿Posible es qué ha de haber día
tan infausto, funesto,
en que sin ver yo las tuyas
esparza sus luces Febo?

¿Posible es qué ha de llegar
el rigor a tan severo,
que no ha de darle tu vista
a mis pesares aliento?

Ay, mi bien, ¡ay prenda mía,
dulce fin de mis deseos!
¿Por qué me llevas el alma,
dejándome el sentimiento?

Mira que es contradicción
que no cabe en un sujeto,
tanta muerte en una vida,
tanto dolor en un muerto.

Mas ya que es preciso, ¡ay triste!,
en mi infeliz suceso,
ni vivir con la esperanza,
ni morir con el tormento,

dame algún consuelo tú
en el dolor que padezco;
y quien en el suyo muere,
viva siquiera en tu pecho.

No te olvides que te adoro,
y sírvante de recuerdo
las finezas que me debes,
si no las prendas que tengo.

Acuérdate que mi amor,
haciendo gala de riesgo,
sólo por atropellarlo
se alegraba de tenerlo.

Y si mi amor no es bastante,
el tuyo mismo te acuerdo,
que no es poco empeño haber
empezado ya en empeño.

Acuérdate, señor mío,
de tus nobles juramentos;
y lo que juró la boca
no lo desmientan tus hechos.

Y perdona si en temer
mi agravio, mi bien, te ofendo,
que no es dolor, el dolor
que se contiene atento.

Y adiós; que con el ahogo
que me embarga los alientos,
ni sé ya lo que te digo
ni lo que te escribo leo.

Juana de Asbaje (1651-1695)

lunes, 19 de diciembre de 2011

Adoro

Aprovecha ahora que eres joven para sufrir todo lo que puedas,
que estas cosas no duran toda la vida.
Tráncito Ariza

No hay mayor gloria que el de morir por amor.
Florentino Ariza

Verá, mi pequeña Amélie, usted no tiene los huesos de cristal.
Podrá soportar los golpes de la vida. 
Pero si usted deja pasar esta oportunidad,
con el tiempo su corazón se volverá seco y frágil como mi esqueleto.
Dufayel

Ojalá pueda olvidar los momentos, los lugares y los sentimientos en los que te he santificado, porque hay momentos en los que quisiera llorar desconsoladamente, pero no por ti, sino por aquella avidez de tener los sentimientos de amor de alguna persona. Y sin embargo, no puedo llorar de esa manera: la otra vez me di cuenta que son muchas las ocasiones en las cuales soy el factor que da ánimo a alguna alma desahuciada, soy el amigo que siempre debe tragar las penas de los demás.
Sinceramente, no quiero llegar a viejo si haber sentido alguna vez el amor de otra persona, la mirada limpia y divina del amor, las palabras sacramentales del cariño, un “te quiero” esporádico y en secreto publicitado. De nada sirve contemplar. No entiendo cómo es que las personas se aman.
Hoy estoy muy triste y no tengo en quién confiar para decírselo, para que me aconseje. Sólo cuento con usted, que me está leyendo. Debería preguntarle a cada una de las personas de las cuales me he enamorado qué tengo que no soy nada atractivo, ni objetiva y ni subjetivamente: ¿Qué tengo?
El sábado pasado, regalé una novela que me gusta mucho: Las batallas en el desierto, es una bella prosa del imposible amor, de amar infinitamente y encontrar el abismo de la locura, en el abismo bello de lo imposible: "Enamorarse sabiendo que todo está perdido y no hay ninguna esperanza" ¿Cuál será el cemento del amor? Se lo regalé a una abogada que conocí en una esporádica plática. Se lo regalé porque me presumió que era pintora, pero lo hizo de una forma tal que se sentía orgullosa. Yo le conté que era politólogo y que trataban de combinar la poesía con la filosofía política. Ella me dijo que de alguna manera lo hacía con la pintura; interpretaba la ley de acuerdo a sensibilidad artística de un observador de arte.
En efecto, ni siquiera pregunté su nombre, ni siquiera sé cómo pude hablarle sin ponerme nervioso. Sólo le ofrecí disculpas por atreverme a obsequiarle un libro que compré “para cualquier persona especial” en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y ella me pareció especial. Así, sin conocernos ella lo aceptó. Y después no supe nada de ella y no le pedí nada a cambio, sólo esperaba que le sirviera en su arte y en su arte jurídico.
Tendré que pensar muchas cosas antes de implementar mi endlösung. Antes de convertirme en un simple medio para fines ajenos. Igual, el amor siempre me sentará bien, irremediablemente estoy condenado a amar sin correspondencia, ya debería acostumbrarme. En fin.







Quino




Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Aquel día, cuando bailé con ella (editado)

Esta mañana desperté pensando en lo sucedido el año pasado. El día en que se organizó una posada con todos los estudiantes del posgrado y se llevó a cabo en una calle cercana de la Preparatoria en la cual hice mis estudios. Aquella mañana estaba en una reunión de la organización política de izquierda en que simpatizo, al final de mis colegas me prestaron algunos libros que me servirían para realizar el protocolo de investigación.
Ya pasaba el mediodía cuando caminé, con montón de libros, hacia la estación San Jacinto. Tenía la mente ocupada con lo que se había discutido y, un poco, con el pendiente de los ensayos que debía entregar. Quería llegar a la maestría temprano en la calle Liceo para buscar más textos en la biblioteca. Allí mismo nos reuniríamos algunos amigos para ir al lugar de la posada. En realidad, no tenía necesidad de hacer ese viaje porque ya sabía la ubicación del lugar.
Realicé mis estudios de bachillerato en esa prepa, ya se lo había dicho a ella, pero no le dije que era muy probable que ya conociera la casa donde vivía en Guadalajara. Cuando estuve en la prepa, llegaba muy temprano, no me gustaba ir más tarde porque los camiones de la ruta 33-A iban repletos. En ese entonces no sabía andar en bicicleta (aprendí a mediados del 2004, y la preparatoria la hice del 2000 al 2003), y un vecino se iba en bici y, francamente, me daba mucha envidia. Recuerdo que una vez hice 15 minutos de mi casa a la prepa, cuando normalmente la ruta es de 30 minutos, fue la vez que llegué a las 6.10 am cuando la prepa la abrían a las 7.00 am.
Llegaba muy temprano a la prepa, y entonces decidía caminar  por las calles cercanas a ella para hacer tiempo, y recuerdo que pase muchas veces por la casa donde, ahora sé que, vive en Guadalajara. Claro, ya sabía donde vivía, recuerdo muy bien ese ventanal, lo recuerdo porque siempre me fijo en las fachadas de las casa que se me hacen bonitas.
Cuando terminé de buscar en la biblioteca de la maestría, ya estaban mis amigos esperando, y ella sentada dando la espalda a la entrada de la biblioteca, entonces me acerqué sigilosamente para sorprenderla, pero algo sucedió que se dio vuelta y me recibió con una sonrisa.  
Compramos algunas cosas en el mercado que está de pasada a la espera del camión, de hecho es la ruta 33-A. Platicamos un poco, ella llevaba una abultada mochila -siempre su mochila se veía muy llena-. Abordo del camión, nos tocó irnos parados y cuando se desocupó un asiento ella se sentó y me dijo que si me ayudaba con mi mochila, la cual estaba muy pesada, pero no lo acepté, le dije que estaba bien. Llegamos a su casa cerca de la prepa dos y caminé a su lado.
La comida de la posaba eran los tamales que nos prometió. Estaban muy exquisitos. Conformé avanzó la tarde, platicábamos en retrospectiva de la maestría. El ambiente era un poco extraño ya que se dio una especie de división de hasta tres grupos. A mí no me importaba, yo estaba a gusto.
Durante  la tarde, ella me recordó una conversación previa que habíamos tenido en el Messenger, en aquella conversación quedamos en que bailaríamos. ¡Rayos! yo no bailo, pero quería bailar con ella. Sería  la primera vez que bailara voluntariamente y le prometí que bailaríamos. En realidad no creí que aceptaría, de hecho dudé hacerlo cuando me recordó la promesa.
Al final de cuentas bailé con ella.  Me estuve disculpando porque no sabía bailar, pero ella se veía divertida que nada más me importó. Y seguí bailando con ella, no quería bailar con nadie más que ella. Así lo hice, y no quería que se acabara la música y para seguir bailando. Al principio, bailé con ella de forma separada y, más adelante, le pedí que bailáramos más cerca, no creí que aceptaría, pero lo hizo. Y fue así como bailé muy junto con ella; quería sentir su calor, su aliento, su piel, quería sentir su alegre mirada. Me pareció de lo más lindo, claro, debo admitir que me llamaba mucho la atención. Alguien más me sacó a bailar, pero ni recuerdo quien era. En fin, sólo quería hacerlo con ella.
Sin embargo, noté un cambio en ella. Notaba las veces que revisaba su Blackberry. Sentados, yo frente a ella, la contemplaba preguntándole en silencio: ¿Qué tienes que no puedo dejar de pensar en ti? Ante el bullicio de la fiesta notaba una preocupación en su expresión. Estaba esperando a alguien y no llegaba. Mandó algunos mensajes, habló por celular.
Más tarde, aún sentada frente de mí, recibió una llamada de esa persona que esperaba, y ella dijo un tanto exaltada: -¿dónde estás?... ¿y por qué no te pasas?- Tal vez ella no se dio cuenta de que la puerta de la cochera donde estábamos la habían cerrado y la persona que esperaba no podía entrar. Ella salió a recibirlo. Alguien estaba charlando conmigo, pero no presté atención sólo me quedé viendo que esa persona era la misma que había conocido en la primera clase de mi orientación y que me presentó por su nombre en la biblioteca de la maestría.
Él llevaba una bolsa de papel con un regalo. Ese regalo era para ella, lo vi cuando se lo dio. Entonces mi expresión y ánimo cambió, pero el de ella fue más feliz. Luego se sentaron frente de mí, pero ya no me ponía atención, sólo estaban allí; ella aún lado de él. Ella le había obsequiado un kínder sorpresa. Estaba seria pero ya no estaba preocupada. En efecto, era al que ella denominaba como su “no-novio, no era su novio, pero como si lo fuera -según palabras de ella-.
De alguna forma ya no me sentí bien, entonces fui con mis amigos -que me habían pedido desde antes que nos retiráramos-, a decirles que ya era hora de irnos. Ella estaba con él en aquel círculo de conversación que se hizo con el otro grupo de la maestría. Estaba solamente contemplándolos así que retirarme era lo más prudente.
Se veía muy linda ella con sus botas enormes, me acerqué con ella para despedirme, realmente me importaba despedirme de ella para darnos nuestro abrazo de navidad, no me importaban los demás. Cuando me acerqué a él; a su “no-novio”, sólo apresté a darle la mano.
Lo que más adelante sucedió está contado en el presente blog. Era el comienzo de mi derrota sentimental, del quiebre de mi corazón y de la nostalgia peor. Un mes más adelante, ella y él; ellos, formalizaron su noviazgo. Mi derrota fue total desde antes que la conociera, no hubo oportunidad de operar ni tácticas ni estrategias. Sus estrellas de papel, su block de post-it escritas con bellas frases surtieron efecto en él. Y ambos corazones se pertenecieron en ellos.
Quién diría que era la primera y última vez que bailaría con ella. No cabe duda que siempre es tarde para mí.
Quino

Derechos Reservados © 2011; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos.