domingo, 20 de septiembre de 2015

Te amaré

Te amaré

Lento desde hace siglos,
remoto -nada hay detrás-,
lejano, lejos, desconocido.

No fue nada fácil, nada fácil decirte buenas noches y que te quería la noche anterior a ese día. Había pasado la semana completa en busca de un equilibro entre mi amor que resiste y tú. Pensé que tiempo atrás lo había resuelto. Que sería tu amigo, que tendría la mente fría para alojar en mi interior lo que en verdad me llama a ti. Que bien podría recordarte de vez en cuando lo mucho que me gustas y que no es la amistad lo que me mueve contigo. Que si te busco es porque quiero que seas mi pareja (así: quiero que seas).

Soy esa paloma que se equivocaba. Pero, cómo lo has relatado, no es que me equivocara sobre lo que siento por ti, sino en no aprovechar para mí esas oportunidades, por más encriptados, para pedirte que te quedarás conmigo. No sé cómo resuelves que no serías feliz conmigo como pareja. Yo no puedo adivinarlo ni por revelación. Sólo que me esforzaría por hacerte la mujer más feliz, no del mundo, pero sí para tu vida.

Cuando estuve frente a ti, en esa calle, y notando que no me buscabas con la mirada, había pensado en ir a tu lado a ver si, por alguna extraña razón, me pedías que no me fuera de tu vida. En medio de esa calle, con todos esos automóviles, hacer eso era lo que justamente me habías pedido: que me cuidara. Correr tras de ti para que no te fueras de mi lado, lo había hecho tantas veces y así me sentí muchas veces al despedirnos.

Todos los días he pensado en ti: 5 años, 27 días y un par de horas desde que te conocí e hiciste de mi vida el futuro que quise para mí. Todos los días esperé saber de ti, porque estoy infinitamente loco por ti. Cada día esperé que estuvieras bien, porque eso me hace feliz, aunque son contados los días que pasé contigo. Y nunca pude besarte y así me tocará vivir. Vivir sin ti y cuidándote aunque sea pensando que estás bien.

Me equivoqué en no irme contigo cuando estabas lista. Todavía hoy siento que me equivoco con esta decisión. También me quedo con las ganas de hacer muchas cosas a tu lado y contigo. Espero que seas digna del amor que trato de romper.

Te amaré.

“Los besos que perdí, por no saber decir: te necesito”


Pd: Quédate conmigo.

viernes, 13 de marzo de 2015

Soneto XXII


Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angol, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.



viernes, 27 de febrero de 2015

Canción de invierno y de verano


Cuando es invierno en el mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el puerto de Bremen con jirones de niebla y de hielo en sus cabos,
mientras los baladros soleados arrastran por la superficie del Pacífico sur bellas bañistas.

Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.

Porque cuando es de día en el mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz—
es de noche en Valparaíso
— rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.

Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba —detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.

Pero jamás en el mismo día.

domingo, 30 de noviembre de 2014

La otra copa de vino

sólo entonces pensó en ella
                                              eligiéndola
y sin dolor         sin desesperaciones
sin angustia y sin miedo
dócilmente empezó
                                 como otras noches

                                                                   a necesitarla.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Ahora


Sorprende que uses esa expresión. Cuando salía de mí reclamabas exigiendo que no usara el pronombre de primera persona en plural. También sorprende que justo ayer me hiciera esa pregunta en un ejercicio de sinceridad. No supe responderme. Sé que te extraño e inmediatamente me desdigo como esperando cambiar mi actitud.
Tampoco sé si te amo, pero te quiero. Sé que ambos hemos cambiado, de algún modo hemos cambiado. Una vez me preguntó si aun pensaba en ti. La puse triste cuando mi expresión, más que mi respuesta, cambió al decirle que te extrañaba. ¿Qué expresión habré puesto? También me quedé con la idea que no me querías en tu vida. Así fue como sobrellevé mi vida sin ti.
La experiencia contigo es que no puedo confiar, porque siempre lo elegiste a él. Siempre, o él o tú, volvían. Te veía, leía, sentía tan segura que todo en mí fue naufragio. Puse mi amor en un escaparate y me dediqué a mi negocio. Negocio que me llevó a muchos lados y personas. Quise ser feliz y logré hacerlo por cuenta propia.


Ahora, no me siento bien.

Joaquín

Derechos Reservados © 2014; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos

sábado, 25 de octubre de 2014

Seis meses


Sobre el pasillo hojas crujían envueltas en la sombra, no tenía idean de cómo llegaron. El viento que rechifla deslizándose por la pared del edificio era una buena hipótesis. Una puerta, diecisiete escalones nivel por nivel, una puerta, una puerta, el tungsteno de la ciudad se cuela por la pared donde se desliza el viento y penumbra. El cielo de Monet sobre la avenida, sobre la fuente de La Normal. Smog, ruido y pesado aliento de ciudad en las misteriosas viviendas del centro de Guadalajara.

De pequeño siempre creí que al centro sólo se venía cada mañana del 16 de septiembre, a las compras de la Parisina, para huir de los portales al insoportable olor de las donas en aceite de coco, para estar en el regazo de mi madre que me llevaba a comer al desaparecido Mercado Corona o para ir a la lucha libre en las cercanías de Obregón. Por su puesto, pensaba que nadie vivía en el centro y todos los camiones no iban a él sino para regresar a la periferia. El adoquín rojizo y blanquecino sirve también de suelo para quien compra la merienda de quien amanece en el viejo centro.  Ahora lo sé.

Vivir sin la familia y la triste distancia de quienes, sin serlo, te dicen papá. Supe valorarlos todavía más, a mi padre sobre todo quien para dirigirse a mí habla de usted cada vez que los visito, como si salirme de la casa le haya dolido en el orgullo. Dejé la casa, no el hogar. También mi padre tomó rumbo a esta ciudad de la pequeña porción de tierra purépecha donde creció sin más educación que la recibida en dieciocho años y con más sabiduría de los trabajos con mi abuelo en las casonas de adobe y tejas, en la experiencia de la capitanía de puerto y en el pastoreo de vacas en el cerro a penas asomado el Sol, bebiendo agua del rocío en las plantas.

Despertar en el suelo sin tener alimentos, amagarse en mezclilla o en algodón y poliéster cuando hay junta o clases por la noche. Estrechar la mano de un presidente derrocado, un líder de partido, ex candidatos, directivos de Twitter. Bases de datos y códigos entre varianzas y tablas de contingencia, GPS y representatividad geográfica de la muestra, un amor e incontables horas en el computador, las reuniones, los galletas de la máquina y el café en INTEL, la vida tendida en una silla neumática, trabajar en la madrugada para los enlaces en China. Tamales en Circunvalación, dulces en la tienda de París, fruta picada de Lope de Vega, gorditas de chicharrón en Lerdo de Tejada, las ensaladas en Centro Magno y los pastes en Juárez.

Vivir en el centro y no pasear en él: las idas al Walmart en Patria o el Aurrerá de Chapultepec, el Soriana de Colón, 35 minutos caminando a la casa donde duermo y mi hogar en la Estancia o en el Zalate. La vista magnífica, por un lado el centro, por el otro, muy lejos, lo árboles de El Centinela, el escritorio dará al ventanal hacía la avenida, la copa de las ceibas me distraerá. Los motores; cambios de velocidad; el dual y el claxon son los efectos perniciosos de mi ideal.

Una mesa, dos sillas; el comedor. La alacena, una bolsa tejida, el fregador y una parrilla, tres platos, tres vasos, dos cazuelas, una de barro pesado; la cocina. Un clóset, una mesita, dos bancos, cobijas sobre el suelo; el dormitorio. Vivir al día en seis meses. Pagar la renta, vivir sin ti y seguirás con él.

Joaquín

Derechos Reservados © 2014; Ley Federal del Derecho de Autor: véanse en especial artículos 3°, 4°, 5°, 11, 12, 13 y 17 de la misma ley. Estados Unidos Mexicanos


martes, 30 de septiembre de 2014

Sobre el diván


Sobre el diván dejé la mandolina
y fui a besar la boca purpurina,
la boca de mi hermosa Florentina.

Y es ella dulce y rosa y muerde y besa;
y es una boca rosa, fresa;
y Amor no ha visto boca como esa.

Sangre, rubí, coral, carmín, claveles,
hay en sus labios finos y crueles,
pimientas fuertes, aromadas mieles.


Los dientes blancos riman como versos,
y saben esos finos dientes tersos,
mordiscos caprichosos y perversos.

R. Darío

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Y si vivieras conmigo

Y si vivieras conmigo, te dejaría cartas debajo de la almohada. Sé que no te gusta la soledad y que también te gusta leer. Eso te ayudará con ambas cosas.
Jaime Sabines

domingo, 17 de agosto de 2014

Entre tú y yo me alegra algo...


La otra noche estuviste en mi sueño, por fin aceptaste ir a mi casa, al menoa sebtía que estabas en mi jogar