domingo, 31 de diciembre de 2017

Ciento setenta y cuatro días


¿Cómo expresar lo que me sucede cuanto estoy cerca de ti, o al menos cuando me siento cerca de ti?, puede ser de esta manera: “Leerte, escucharte, hablarte, buscarte, esperarte, pensarte... todo me lleva a quererte”. Sé que alguna vez lo has sentido, no sé cómo, por qué o con quién: me sentí muy querido cuando, en aquella habitación, me abrazaste al tiempo que decías: “todavía te quiero”. Me tomó por sorpresa y nunca creerás que por eso di un paso atrás tal que me desbalanceó (si tú misma lo habías predicho: “Te daría un beso y tú responderías con sorpresa. A lo mejor te quitarías y entonces te daría otro para que entendieras que no fue accidente”). Nunca había tenido una mayor certeza de lo que ambos sentimos y ha sido el mejor abrazo de mi vida. Mi corazón palpitaba de emoción sin ningún control y no habrá ideas en estas palabras para describir la sensación. No me quería ir, no quería dejarte ir. Quería que te quedaras siempre, que te quedaras en mi vida, que te ofrecía toda para hacerte feliz.

No sé cómo nombrarlo, quizá como una fugaz complicidad. Hice de todo por estar contigo. En la mañana había estado en el Congreso haciendo observaciones de la Ley anticorrupción frente a los diputados, a mi manera, me sentí como Ernesto Cardenal, “y tu sola mirada me hace temblar”. Estaba feliz por verte, pero fui con toda la incertidumbre. Obsequiarnos libros siempre fue un pretexto para vernos, o al menos para mí, para poder verte. Y así fue, nos citamos para que me dieras el libro de Estadística que, antes de que conocieras el método Konmari, me habías ofrecido. Con la inseguridad que no hice evidente, te acompañé a la habitación porque habías dejado el libro allí. En principio creí que lo habías olvidado en casa, hasta que me explicaste sobre el curso en la universidad que justificó tu hospedaje. No pensé que me llevarías contigo. Siempre estabas a la defensiva, siempre cuidando tu compromiso.

Esta vez fuiste distinta, distinta a la manera en que años atrás me tratabas cuando salíamos, en esas citas nunca declaradas. Guardé la calma. Contuve mis ansias por querer besarte. Todavía así me sorprendió el abrazo y esa confesión que no puedo olvidar. Todavía me quieres. Fue una gran revelación, porque no estaba seguro si al menos me apreciabas. -Yo también te quiero, . Te respondí mientras te apretaba contra mí en un intento de que te quedaras conmigo, como lo sentí desde los primeros días que te conocí: cerca de siete años atrás.

El beso en el cuello, apretar tus hombros, acariciar tu espalda y buscar tus labios. Te quería para mí y nada me importaba más que sentirte cerca. Sentirme enamorado y por primera vez me sentí muy querido por ti sin ninguna duda. Tan claro y terso como tus manos. Tus manos de dedos largos que tomé y anduve… que nos tomamos de la mano y anduvimos por Los Colomos. El jardín, los senderos, las personas, los árboles, las ardillas, los riachuelos que nos miraron juntos como dos amigos que intentan el juego del amor, el nuestro de fugaz complicidad, en aquella banca de Los Colomos. El brillo nuestro de un amor contenido hizo que mi sombra caminara junto a la tuya como mucho tiempo lo esperé.

Así me imaginé que podrían ser los días a tu lado: tu cabeza en mi hombro, mis caricias en tus manos, con tu sonrisa puesta en mis labios, en los interminables besos que no nos dimos. La tristeza de verte partir deteniendo con todas mis fuerzas mi voluntad por seguirte.

Nunca he sabido despedirme de ti. Nunca he encontrado una razón válida para destruir tu recuerdo. Ciento setenta y cuatro días qué no sé dónde ponerte en mi vida. No sé qué hacer conmigo. Mi tristeza no tiene olvido. Te quiero. Quédate conmigo. Te amo.


Se acabó.

sábado, 22 de abril de 2017

Una manera tierna


...
vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor
...





martes, 28 de junio de 2016

martes, 10 de mayo de 2016

Ella también me quiso

“Cuando estás cerca de mí, me enamoro de ti”. Quizá esto que he leído no se refiere a mí o a [¿nuestra?] situación. Tal vez no lo imaginas, pero afirmar que no quiero hablar contigo es una parte de mi propia razón la que se impone, porque en realidad me duele mucho y es bastante triste, tan triste como en este momento que me tienes en una espiral de la tragedia. Mi determinación de no buscarte ni hablarte (pese a mi incapacidad de no dejar de pensarte), es porque el poco tiempo que me destinabas me hacía afianzar el amor que he llegado a sentir por ti.

No importa lo que haga, o mejor dicho: lo que me haya esforzado en hacer o en cambiar de mí, nunca pude hacer que cambiaras de opinión ni siquiera cuando estabas con el que te pisoteaba. ¿Qué puedo hacer más en este momento? Sólo alejarme de mi amarga derrota.

¿Y siempre nos quedamos a un paso? Ayer [re]leí un verso de Neruda:

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
[…]
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

Me hizo pensar en ti, como si fueran pocas las veces que a lo largo del día no pensara en ti. Pero yo siempre te quise y todavía sé que te quiero.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ayer que [re]leí un verso de Neruda me puse a llorar, sin pensar en nada más. Tantas veces te dije: “te quiero”, la única vez que logré tomar tu mano te pedí que te quedaras conmigo para toda mi vida, o todas las veces que te ofrecía una cita en serio y todas las otras veces que intenté besarte y no logré hacerlo.

Sí tengo idea de lo que yo puedo despertar en ti, y es por eso que me alejo de ti, porque creo que no lo dejarás por mí. Por la misma razón que me equivoqué y no tuve el valor de confiar en ti y dejarla para irme contigo aquella vez que los astros conspiraron para mí fortuna.

Mi alma no se contenta con [haberte] perdido.
Aunque éste sea el último dolor que [me causes],
y éstos sean los últimos versos que yo [no te] escribo.


Cuando estas cerca de mí, no me haces daño. Provocas que vuelva a enamorarme de ti, Gaby. 

sábado, 6 de febrero de 2016

Estrellas

Nos detuvimos un momento en medio de ninguna parte por la carretera, para notar el cielo repleto de estrellas, sin nada que marchitara su encanto eterno y tan fugaz por que no puede retratarlas. Y me puse a pensar en ti. Ojalá las hubieras visto conmigo, sé que no podré describirlas, pero tal vez sobren oportunidades de mirarlas de nuevo y juntos, y que guardes para ti lo indescriptible.

Tu no, nada, en ningún tiempo


sábado, 30 de enero de 2016

5 años, 27 días y un par de horas

"Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes"

5 años, 27 días y un par de horas después que aparecimos en nuestras vidas me dijiste: sí. Que sí, que mis días tendrían tus noches, tu cielo mis estrellas y, de hoy en adelante, me dejarías cocinarte los domingos aunque tú prefieres salir. Interminable verano de amor nos prometimos, hasta el invierno de nuestro tiempo.

Siempre juntos como libros separados en orden decimal, pero por fin juntos después de todo, a pesar de todos. Tomé tu mano de seda, me junté con tus dedos largos, acaricié tu cabello de jazmines y besé tus labios cereza. Ungimos el día con los oleos del amor, me pediste cumplir mis promesas: ir al cine los miércoles, comprar libros al final de la semana, leerlos en interrumpidos lapsos para observar nuestra gloria de amor. Nuestras citas en el templo de la Misericordia, paletas de Chocomilk en la calle Esparza. Vacaciones en Pátzcuaro y ponencias en el extranjero.

Nuestra vida resuelta entre el diván y las flores visitadas por las mariposas amarillas, los rayos de luz sobre nuestra mesita de noche. Todo quizás en una vida paralela. 

lunes, 7 de diciembre de 2015

El paso siguiente

Los besos por escrito no llegan a su destino,
se los beben por el camino los fantasmas.
F. Kafka

Ha leído un libro, uno de aquellos que compró en la feria del libro. Los mismos pensamientos que muy a menudo tiene sobre ella lo han dejado leer solo tres páginas: La historia de una mujer que desaparece y lo difícil que es ocultar lo que se siente por ella. Le ha calado y se ha puesto a escribir estas líneas. Lleva días esperando contestar, se ha resistido porque es un ciclo que camina sin llevar a ningún lado. Le arrancó las alas… ¿le arrancó las alas?

Ella no lo busca, no porque no quiera, aunque le hace falta. También siente un vacío sin ella. Él lo niega en cada momento, se lo niega a sí mismo. No puede olvidar la última vez que la sujetó con firmeza de la mano, en medio de aquel centro comercial, en medio de otras personas que no se daban cuenta de lo que acontecía. –Quédate conmigo–, le dijo sosteniendo su mano y ella alejándose con el frío recorriendo su cuerpo.

Unos días después, el tiempo suficiente para ajustar los 5 años, 27 días y un par de horas desde que se conocieron, decidió lo que para ella era inevitable: tal vez el paso siguiente. La propuesta que cortó sus alas. Se dio cuenta de lo terrible que era cuando de ella brotaron las lágrimas. –Nunca la vi llorar por mí– pensó. Pese a esto, él quiso besarla, y le pidió que se quedara con él. No quería hacerlo, pero era el paso siguiente.

Los días que pasaron y todavía hoy, ha evitado el encuentro. La ha visto a metros de él, en el pasillo, al bajar las escaleras, en la cafetería, en el estacionamiento, con la duda de haber hecho lo correcto. Se ha quedado muchas veces con el corazón apachurrado que ahora se lo apachurró a sí mismo. No hay peor distancia que la del corazón.

Tal vez un día la busque, un día que sea tarde para ambos. Sí, te extraña, sí me haces falta.